Reden und Ansprachen

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la clausura de las Maniobras Militares "XV Aniversario del Triunfo de la Revoluciñón", efectuadas en el polígono "Mayor Ignacio Agramonte", Camaguey, el 30 de diciembre de 1973

Datum: 

30/12/1973

Distinguidas delegaciones invitadas;

Compañeros dirigentes del Partido y del Gobierno;

Compañeros combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias:

Dentro de algunas horas se cumplirán exactamente 15 años del triunfo de nuestra Revolución. Y este aniversario se conmemora dentro del ámbito del XX Aniversario del inicio de la lucha armada revolucionaria en el "Moncada". Y este aniversario, este XV Aniversario, ha recibido el homenaje de estas maniobras que ustedes acaban de efectuar.

Un día como hoy, 30 de diciembre de 1958, nuestro pequeño ejército —no mayor de 3 000 hombres sobre las armas—, apoyado por todo el pueblo, libraba las últimas batallas contra la tiranía sangrienta y proimperialista que oprimía a nuestra patria.

En aquel entonces no contábamos con esta masa impresionante de fuerza y de medios de combate que tenemos aquí delante. Todo lo que conocíamos de aviones, era de los aviones que se empleaban contra nosotros. Todo lo que conocíamos de tanques y de artillería, era de los tanques y la artillería que se empleaban contra nosotros. Nuestros combatientes no disponían de otras armas que los fusiles arrebatados al enemigo en los combates, de minas fabricadas artesanalmente por nosotros mismos, y de granadas de mano y otros tipos de armas similares producidas con grandes sacrificios.

Aprendimos a luchar en condiciones adversas y difíciles. Fue una lucha larga y dura, que costó a nuestro pueblo miles y miles de las vidas de sus mejores hijos. ¿Y, sin embargo, por qué los soldados tuvieron que seguir siendo soldados? ¿Por qué nuestro pueblo todo tuvo que comenzar el largo aprendizaje del empleo de las armas? ¿Por qué nuestro pueblo no pudo disfrutar de paz? ¿Por qué nuestros hombres, en su inmensa mayoría, se vieron en la necesidad de trabajar ardua y tesoneramente durante estos 15 años, estudiar y aprender el dominio de las técnicas modernas y constituir estas poderosas Fuerzas Armadas que hoy contamos? Sencillamente porque el primero de enero de 1959 concluía solamente una fase de esa lucha.

El triunfo de la Revolución significó la destrucción de un ejército sin principios y sin patriotismo, un ejército postizo con el que el imperialismo yanki había sustituido, al final de las contiendas por la independencia, al glorioso ejército mambí. Pero se iniciaba una nueva etapa.

El triunfo de la Revolución Cubana significó un acontecimiento histórico en este continente, significó un extraordinario desafío al imperio yanki, a sus fuerzas políticas, económicas y militares. Y ellos no estaban dispuestos a permitir tranquilamente el desarrollo pacífico de nuestra Revolución.

Se iniciaba entonces una lucha más larga en todos los terrenos, porque no bastaba haber derrotado a aquel ejército mercenario, no bastaba con que nuestro pueblo se apoderara de todas sus armas. Las clases explotadoras y el imperio se apoyaban no solamente en las armas, sino también en una cultura y una ideología política desarrollada y afianzada por los dominadores.

Y una vez las armas en poder del pueblo, fue necesario librar una gran batalla en el terreno de la ideología, en el terreno de la política. Era necesario barrer también con aquella cultura burguesa, con aquella ideología burguesa y proimperialista, porque al terminar la contienda militar el enemigo poseía armas muy poderosas: poseía las armas de la ideología y de la política enraizadas en nuestro medio, poseía las poderosísimas armas de la economía y poseía por último las armas todavía más poderosas de sus fuerzas militares. Y nuestro pueblo se enfrascó en aquella batalla política e ideológica, se enfrentó al atraso cultural, se enfrentó al analfabetismo, se enfrentó a la ignorancia, hasta desarrollar la sólida conciencia política, revolucionaria y socialista que hoy posee.

Pero el enemigo no empleó solo las armas de la política; empleó también las armas de la economía y trató de asfixiar, de estrangular a nuestro pueblo con el bloqueo y con todo tipo de agresiones económicas. Y nuestra Revolución joven, nuestro pueblo, que no poseía experiencia de ningún tipo en cuestiones económicas, que fue despojado de muchos de los pocos técnicos con que contaba al triunfo de la Revolución, se vio enfrentado a la tarea de librar esa durísima batalla económica.

Pero junto con la batalla política y la batalla económica, el imperialismo preparaba sus agresiones armadas. Y casi desde los primeros meses de la Revolución comenzaron las acciones de sabotaje, los actos contrarrevolucionarios, las infiltraciones de armas y de agentes, el desarrollo de bandas contrarrevolucionarias armadas que se hicieron presente prácticamente en todas las provincias, a lo largo y ancho del territorio nacional, y comenzaron a entrenarse las tropas mercenarias que después nos invadirían en Playa Girón.

Pero había un peligro todavía mayor, mayor que las bandas contrarrevolucionarias, mayor que las agresiones mercenarias: el peligro de una agresión directa por parte de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Y esto enfrentaba nuestro país a un peligro difícil, a un peligro mortal, a una batalla de vida o muerte por la supervivencia nacional. Y todos recordamos aquellos primeros tiempos, aquellas incesantes movilizaciones de todo el pueblo, preparándose para la defensa, o en estado de alerta, ocupando sus puestos de combate con las armas escasas y atrasadas que poseíamos entonces. Peligro que se ha cernido sobre nosotros durante muchos años, y peligro que se cernirá mientras haya Revolución Cubana y mientras haya imperialismo. ¡Revolución Cubana habrá siempre! El imperialismo, sin embargo, no vivirá eternamente.

Y estas realidades obligaron a muchos de nuestros compañeros a emplear sus energías inagotables, emplear su juventud, emplear su talento y emplear sus vidas en el desarrollo de unas poderosas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Esto puede explicar a nuestros ilustres visitantes el porqué Cuba, país pequeño, país subdesarrollado, ha tenido que invertir tan cuantiosas energías y recursos en el desarrollo de sus Fuerzas Armadas Revolucionarias. No es el afán de las armas por las armas; ha sido una necesidad vital de nuestro pueblo.

Pero esa tarea se ha desarrollado magníficamente bien. Debemos recordar que al día siguiente del triunfo de la Revolución ninguno de nuestros hombres sabía manejar un tanque, ninguno de nuestros hombres sabía manejar una pieza de artillería, ninguno de nuestros hombres sabía manejar aviones, a excepción naturalmente, en todos estos casos, del puñado de militares que habían estudiado la carrera de las armas y a lo largo del proceso de lucha habían optado por el camino revolucionario. Ninguno de nuestros hombres sabía operar barcos de guerra, ninguno de nuestros hombres conocía la técnica moderna, ninguno de nuestros hombres tenla experiencia en el manejo de grandes unidades de tropas, ninguno de nuestros hombres dominaba el arte de operar con esas unidades. Y hay que ver que en estos pocos años, esas tareas, esas misiones, esos objetivos se han cumplido cabalmente.

Con la guardia en alto, y siempre listos para enfrentar la agresión, nuestros combatientes se entregaron por entero al trabajo en el terreno militar, se entregaron por entero al estudio, a la superación, que iba desde los estudios de instrucción elemental, hasta los estudios de la técnica y del arte militar moderno. Se dedicaron estoicamente, abnegadamente, a esa tarea. Y estos son los hermosos frutos.

Hoy poseemos fuerzas armadas técnicamente equipadas con los armamentos más modernos, poseedoras de una disciplina férrea. Y algo aun, si cabe, más importante todavía: poseedoras de una profundísima conciencia política (APLAUSOS), poseedoras de una verdadera cultura revolucionaria, poseedora de una ideología política: la ideología política de las clases explotadas y oprimidas, la ideología política del proletariado: el marxismo-leninismo y el internacionalismo.

Nuestras Fuerzas Armadas poseen determinadas características esenciales. En primer lugar, forman parte consustancial de nuestro pueblo. Su origen es el origen de los hombres humildes de nuestro pueblo: sus obreros, sus campesinos, sus estudiantes, sus trabajadores intelectuales.

Además, como se ha dicho repetidamente, nuestras Fuerzas Armadas constituyen el pueblo uniformado. Nuestras Fuerzas Armadas están integradas por sus oficiales, sus cuadros, su personal especializado, sus tropas regulares, y del resto del pueblo. Porque millones de personas en nuestra patria tuvieron que aprender el manejo de las armas, y millones de personas en nuestra patria están decididas a convertirse en ejército en caso de agresión, y luchar en defensa de la patria y de la Revolución hasta la última gota de su sangre (APLAUSOS).

Es importante señalar que en esta misma maniobra que ustedes acaban de efectuar brillantemente, había cientos de obreros de las reservas que cumplieron cabalmente sus misiones. Es interesante señalar que ese magnífico hospital de campaña que ayer vimos, está integrado fundamentalmente por las reservas de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias. Son nuestros médicos, nuestras enfermeras y nuestros técnicos que prestan corrientemente sus servicios en la vida civil.

Nuestras fuerzas armadas, además de su composición popular, poseen aquella otra característica de que hablábamos: son Fuerzas Armadas Revolucionarias con una cultura política, con una ideología muy definida. Y decimos con orgullo que la inmensa mayoría de nuestros oficiales son miembros activos de nuestro glorioso Partido Comunista (APLAUSOS).

Nuestras fuerzas armadas están profundamente enraizadas en el pueblo, en el Estado revolucionario y en su Partido de vanguardia. Cada uno de estos hombres y cada uno de los ciudadanos de este país capaces de empuñar las armas, no son simplemente soldados de un ejército, o de la aviación, o de la marina: ¡son, ante todo, soldados de la Revolución! (APLAUSOS), y cuando llega la hora del combate, son decididos, son resueltos y son heroicos, ante todo, no por la disciplina formal, no por el hábito de obedecer las órdenes de sus superiores jerárquicos. Son ante todo defensores de una gran causa, de una gran idea, defensores de la causa de su patria y defensores de la causa revolucionaria del marxismo-leninismo, defensores de la gran causa del movimiento revolucionario internacional, firmemente convencidos de la importancia de su extraordinaria misión histórica.

Pero nuestros combatientes no solo poseen un profundo sentido de la patria, un profundo, firme e indoblegable amor a la tierra en que nacieron. Poseen también un profundo espíritu internacionalista, y están dispuestos a prestar sus servicios revolucionarios, están dispuestos a prestar su apoyo a otros pueblos, a los pueblos hermanos que resisten las agresiones imperialistas.

Y por eso una de las cosas que hace sentirse orgulloso a nuestro Partido y a nuestro Estado revolucionario es saber que, si un país hermano de América Latina —para citar una región del mundo— frente a la agresión imperialista necesita que los cubanos combatan junto a ellos, no habrá un solo combatiente de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias que no esté dispuesto a combatir junto a ellos (APLAUSOS).

Y eso lo sabemos no solo en teoría, sino también en la práctica. Y en la realidad.

Cuando triunfó la Revolución, el imperialismo hizo todos los esfuerzos por aislar a nuestra patria, impuso a la inmensa mayoría de los gobiernos de este continente —con la honrosa excepción de México— el rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Nuestro pueblo se vio aislado y se vio solo en esta lucha. Mezquinos intereses oligárquicos, mezquinos intereses económicos, trataron de lucrarse con los despojos de la economía cubana. Como parte de su política de presiones y de imposiciones, el imperialismo ofrecía también los menguados beneficios —menguados en el orden moral— de dejar a Cuba sin mercados de ningún tipo; y como parte del soborno ofreció a los demás países de América Latina los mercados que disponíamos en Estados Unidos.

Los gobiernos —¡jamás los pueblos!—, los gobiernos fueron en su inmensa mayoría cómplices del imperialismo, cómplices de las agresiones a nuestra patria, cómplices del bloqueo, cómplices de la agresión a Girón, cómplices de los ataques piratas, cómplices de todas las amenazas.

Pero los tiempos van cambiando. Ideas y corrientes progresistas se desarrollan ya en nuestro continente. Gobiernos nacionalistas, gobiernos con verdadera dignidad, gobiernos con plena conciencia de su soberanía y de su independencia, que han sabido decirle ¡No! al bloqueo criminal, que han sabido decirle ¡No! al aislamiento de nuestra patria, que han sabido decirle ¡No! a la imposición imperialista.

Y por eso hoy, al conmemorarse este XV Aniversario, hemos tenido el honor y la satisfacción de ver cómo un grupo numeroso de representantes de los gobiernos, de los pueblos y de las fuerzas armadas de otros países de este continente, aceptaron las invitaciones y presenciaron nuestras maniobras.

Ahí tenemos el caso de la nutrida representación militar del hermano pueblo de perú (APLAUSOS), de México (APLAUSOS), de Panamá (APLAUSOS), de Jamaica (APLAUSOS), de Barbados, (APLAUSOS), de Trinidad-Tobago (APLAUSOS) y de Guyana (APLAUSOS). Siete delegaciones militares de siete países de este hemisferio, lo cual demuestra que a estas alturas el imperialismo no puede darles ya órdenes a todos los gobiernos de este continente.

Y por eso nosotros gustosamente compartimos con ellos nuestra conmemoración, compartimos con ellos nuestras maniobras, compartimos con ellos nuestras experiencias. Y les decimos que las experiencias de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias están a la disposición de los gobiernos y pueblos progresistas de este continente (APLAUSOS).

Además de estas delegaciones, nos honramos extraordinariamente en contar aquí con la presencia de nuestro firme, fiel y extraordinario amigo: la Unión Soviética (APLAUSOS), a través de su delegación militar.

Pero está representado también el continente africano a través de la delegación militar de la República Popular y Democrática de Argelia (APLAUSOS), la República Democrática de Guinea (APLAUSOS), y la República de Guinea Ecuatorial (APLAUSOS).

Está representado el Asia, a través de las delegaciones de los heroicos y combativos pueblos de Siria (APLAUSOS), de Yemen del Sur (APLAUSOS), y de Viet Nam (APLAUSOS), que tan extraordinarias y gloriosas páginas escribió luchando contra el imperialismo yanki (APLAUSOS).

Ellos han sido testigos del éxito de estas maniobras del XV Aniversario, y todos ellos han expresado su reconocimiento y su admiración por los avances que ustedes han logrado en tan pocos años.

Estas maniobras han demostrado la altísima eficiencia técnica y la preparación combativa de nuestras fuerzas armadas. Las prácticas de tiro coheteril antiaéreo y naval fueron un éxito completo. Y en el día de ayer hemos tenido oportunidad de presenciar la acción de ustedes, la perfecta coordinación entre todas las armas, la precisión y la exactitud de todos los movimientos, algunos de ellos de carácter complejo.

Nosotros sabemos que eso no es fruto del azar o de la casualidad. Es el resultado del esfuerzo tesonero de ustedes, de los largos meses que dedicaron a la preparación combativa, de las interminables horas de fatiga, de esfuerzos y de sudor que invirtieron, a fin de prepararse para estas maniobras.

Y por eso merecen el reconocimiento y la admiración. Y por eso los felicitamos, a todos los combatientes, a sus oficiales y jefes. Y por eso, extensiva a todos ustedes, vaya nuestra especial felicitación al comandante de brigada Pedro García, jefe del Ejército del Centro, que realizó estas maniobras (APLAUSOS).

Y al hablar de nuestros éxitos, al hablar de las dificilísimas batallas libradas por nuestra Revolución en estos años, un elemental deber de reconocimiento y de gratitud nos lleva a expresar estos sentimientos a nuestros hermanos soviéticos (APLAUSOS), a nuestros asesores y técnicos, a nuestros maestros en el arte operativo moderno, arte que no aprendieron solo en los libros o en los laboratorios o en las maniobras, sino en la más dura y más heroica y más gloriosa lucha librada por un pueblo, como fue la lucha contra las intervenciones extranjeras y la lucha contra el fascismo, que costó al pueblo soviético 20 millones de muertos (APLAUSOS).

Y esas experiencias adquiridas en los campos de batalla, en los duros y sangrientos campos de batalla, es la que nos han trasmitido a nosotros. Pero, además, de la Unión Soviética hemos recibido todo ese maravilloso armamento, ¡y lo hemos recibido gratuitamente! (APLAUSOS) Como de la Unión Soviética, en las horas dificilísimas y decisivas del bloqueo económico, recibimos la cooperación y la ayuda que nos hizo posible sobrevivir frente a la agresión económica imperialista, del mismo modo que llegaron sus armas en el momento oportuno, del mismo modo que su solidaridad probada y firme ha sido también uno de los frenos fundamentales a la agresión directa del imperialismo yanki. Y por eso, en esta hora de nuestros éxitos y de nuestros triunfos, queremos expresarle especialmente nuestro reconocimiento y nuestra infinita gratitud (APLAUSOS).

Combatientes de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias: ustedes son los herederos de las mejores tradiciones de nuestros libertadores mambises, y ustedes son los continuadores del victorioso Ejército Rebelde. Y si aquellos hombres lucharon con lo poco que tenían en las manos y aprendieron a combatir contra enemigos mucho más poderosos y mejor armados, nosotros, que recordamos nuestra experiencia de aquellos años, y que hemos visto esta maniobra y que hemos visto la preparación técnica y moral de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, sabemos lo que son ustedes capaces de hacer con esas armas en caso de agresión a nuestra patria (APLAUSOS).

Arribamos a este aniversario en un momento magnífico de la Revolución, con más avance político y cultural que nunca, con más organización, con más eficiencia. Lo que ahora avanzamos en cada año, equivale a varios años de aquellos en que teníamos que estar constantemente movilizados frente a las amenazas de agresión.

Con orgullo vemos que nuestra patria se llena de escuelas, de hospitales, de viviendas, de fábricas; con orgullo vemos a nuestro pueblo avanzar en todos los terrenos; con orgullo vemos a nuestro Partido, a nuestros cuadros, trabajar tesoneramente, abnegadamente, cada vez con más eficiencia. Con profunda satisfacción vemos a los funcionarios del Estado cómo trabajan con mucho más profundo sentido de la responsabilidad y con mucha más eficiencia.

No quiere esto decir que los caminos sean caminos fáciles. Para un país pequeño y subdesarrollado, de escasos recursos naturales y sin fuentes energéticas; para un pueblo que tiene que ganarse el pan trabajando tesoneramente, sudando duramente, no habrán caminos fáciles. Pero ahora mismo estamos presenciando el espectáculo del mundo capitalista en crisis, con grandes y difíciles problemas, obligados a frenar su desarrollo, al paso que nuestro pequeño país —con la solidaridad del campo socialista y de la Unión Soviética especialmente— marcha adelante, trabaja, avanza, progresa, educa a sus hijos, cuida de su salud, desarrolla su zafra, avanza su economía y se fortalece en todos los terrenos —político y militar.

Podemos contemplar el porvenir serenamente. Hay muchas esperanzas en el futuro luminoso de nuestra patria.

¿Qué teníamos hace 15 años, cuando empezamos? ¿Y qué tenemos hoy? ¡Qué abismal diferencia! y si en el pasado avanzamos, hoy estamos en mejores condiciones que nunca para avanzar.

y ustedes, combatientes, son los guardianes firmes, los custodios, los defensores, de esta oportunidad creada por nuestro pueblo como nunca antes en su historia. ¡Jamás disfrutó de semejante unidad, de semejante fuerza, de semejante paz! ¡Jamás tuvo tales condiciones para el trabajo! ¡Jamás fue la patria tan dueña de sus destinos!

¡Y por una patria soberana, por una patria libre, por una patria dueña de sus destinos, por un pueblo donde reinara la justicia, se ha derramado mucha sangre en estas tierras y en estos mismos campos donde nos encontramos!

En esta misma región donde ustedes maniobraban ayer, se combatió hace más de 100 años. En estas tierras operaron las fuerzas mambisas, en estas tierras operaron la caballería de Ignacio Agramonte y las huestes aguerridas de Máximo Gómez. Todos aquellos hombres que comenzaron a luchar hace más de 100 años, todos los que dieron sus vidas y dedicaron a esta patria sus mejores sueños, todos los que un día como hoy, hace 15 años, catan en los campos de batalla, lucharon por esto.

y esa es la misión histórica, sagrada, fundamental, de ustedes: montar guardia junto a todo el pueblo para defender la Revolución, los derechos y las oportunidades que la Revolución ha traído a la patria.

Herederos de las tradiciones mejores, de la abnegación, del heroísmo y del hábito de servir al deber sencillamente y modestamente, son ustedes, nuestros combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Y por eso, en este XV Aniversario, en nombre de nuestro Partido, en nombre de nuestro Gobierno Revolucionario y en nombre de los que fundaron al Ejército Rebelde, les expresamos nuestro reconocimiento, nuestra admiración, nuestra gratitud y nuestro cariño.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)

 

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