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Fidel en el gran caudal caraqueño

Fecha: 

26/10/2000

Fuente: 

Juventud Rebelde
"Guarao, del pueblo guarao, en el delta Macuru, en el oriente del país", explica la más joven, "venimos más de 25 horas viajando para verlo a usted (a Fidel) y entregarle este pequeño obsequio que nosotros hacemos; esto es de fibra de moricha, la mata sagrada del pueblo guarao". Luego le dice en su lengua, y le traduce: "Bienvenido a Venezuela y me da mucho gusto haberlo saludado a usted, espero que sean un solo país Venezuela y Cuba.

"Somos 30 pueblos indígenas, somos 500 000 indígenas en el país, somos los que se nos conoce como los goajiros... Si no es por el Presidente Chávez nuestros derechos no hubiesen sido reconocidos". Y Chávez habla de la altísima, horrorosa mortalidad infantil entre las poblaciones indígenas y antes dice que "la vamos a ir derrotando". Por allá por Zulia, de donde es ella, fueron los médicos cubanos, mientras que 60 jóvenes de estas minorías estudian ahora Medicina en Cuba. 

De estas miserias y de cómo trata el nuevo gobierno de erradicarlas o al menos de paliarlas, para empezar, hablan poco o nada los grandes periódicos y los canales de televisión venezolanos, que sin embargo han prestado mucha atención en estos días a las amenazas de la reacción interna de pretender boicotear la visita de Fidel.  La caravana presidencial sale de San Carlos en los automóviles y cada quien trata de seguirla como puede. Los que llegan unos segundos tarde cerca del inmueble donde radicó el colegio en el que Martí dio clases a jóvenes venezolanos hace más de cien años, con buena suerte pueden ver a Fidel y a Chávez rodeados de los escoltas y de un gentío que llena el boulevard Panteón, una concentración humana impenetrable que impide el paso y vitorea, y llama a los dos líderes por sus nombres, como si fuesen viejos conocidos.  Se repiten las mismas escenas a la entrada de la casa natal de Bolívar. Gente de Caracas y gente de Portuguesa, Zulia, Barinas...

También alrededor de la bella plaza donde está la estatua del Libertador engalanada para la ceremonia de entrega de las llaves de la ciudad y de la condición de Huésped de Honor de la municipalidad al Presidente cubano, se reúnen los caraqueños para ver de cerca el acontecimiento.  "Para mí es un orgullo -declara a JR el alcalde Freddy Bernal- entregarle al Comandante en Jefe Fidel Castro las llaves de nuestra ciudad, porque así reafirmamos y seguimos profundizando los lazos de amistad entre Cuba y Venezuela".

La misma Venezuela de la que decía Martí, que era un "pueblo histórico, cuna, como la Grecia de las razas latinas de Europa, de los pueblos hispanoamericanos. Porque de allí, como de seno de gloriosa madre, surgió el padre de pueblos". 

28 de octubre 2000

La real dimensión de Caracas se puede ver mejor desde el aire, pero la imagen, aunque muy nítida gracias al sol de la tarde, es fugaz. Los grandes edificios y las humildes casitas esparcidas por los cerros quedan atrás a los pocos minutos y allá abajo empieza a verse sólo verde: primero montañas, luego montañas y llanos, y al final sólo los llanos donde ya dejó de ser la ciudad, cruzados por ríos de generoso caudal.

Parte de los periodistas que cubrimos la visita de Fidel a Venezuela, no más terminar la entrega de las llaves de Caracas al Comandante, nos vamos corriendo al hotel y luego al aeropuerto La Carlota, de la Guardia Nacional, a montarnos sin perder tiempo en un avión pequeño rumbo a Barinas, ciudad y estado del mismo nombre, al suroeste de la capital, donde está Sabaneta, la cuna del Presidente Chávez.  Aquí en Barinas serán recibidos hoy Fidel y su hermano de Venezuela. Y de Barinas a Sabaneta, donde ya se imagina uno cómo será la acogida. Y de Sabaneta a Guanare, tierra de llaneros, de campesinos con los que tendrán un encuentro los dos mandatarios. 

La bienvenida al Comandante en Jefe aquí debe ser excepcional, si se tiene en cuenta cómo fue el jueves -día de la llegada- en Los Corales y en La Guaira, en el costeño estado de Vargas, y este viernes en los sitios históricos del centro de Caracas. Así se puede presumir, por la bondad y nobleza que afirman caracteriza al alma llanera. 

Y debe ser muy bondadosa y noble realmente, para superar todo aquello de lo que fuimos testigos en la capital los periodistas cubanos acreditados en esta visita y que parece sorprendió a Fidel, o mejor aún, lo conmovió a un punto tal que al recibir las llaves de la ciudad ante el monumento a Simón Bolívar en la plaza que lleva el nombre del Libertador, se sintió obligado a excusarse de no poder -por razones de tiempo- "dar rienda suelta a los sentimientos experimentados, emoción tras emoción, en medio de lo que pudiéramos llamar un gran caudal de caraqueños". 

El Comandante escogió con certeza la palabra. Caudal de hombres, de mujeres y niños, de muchos jóvenes a quienes se les ve en los ojos lo que luego algunos de ellos te dicen cuando te les acercas, y además se enteran de que vienes de Cuba: que admiran mucho a nuestro país, que quieren saber cómo es porque saben que aquí los medios de información no les dicen la verdad, que qué clase de hombre es Fidel y que ahora Venezuela sí puede ser que vaya por donde tiene que ir, con Chávez y la Revolución Bolivariana.  No puedo pasarme sin reseñar la reacción de Ivonne Morales, una fotógrafa de aquí, quien llegó al espacio reservado a los periodistas en la Plaza Bolívar y le comentó a una compañera: "Esta noche no puedo dormir. Yo tenía que haberle dado un beso y todo a Fidel, y me quedé paralizada. Me cayeron a coñazos, pero no importa.
Primero me cayeron a coñazos y después me ayudaron, ¡y tengo la foto de los dos juntos, de Fidel y de Chávez!". 

Saliendo los dos Comandantes del Panteón Nacional donde descansan los restos del Libertador Simón Bolívar, a cuyos pies ambos colocaron ofrendas florales en medio de una ceremonia muy solemne, la multitud los rodeó. Iban por una rampa que bordea el lateral izquierdo del Mausoleo, subiendo hacia el cuartel San Carlos, que dista pocos metros de allí, y una mujer emocionada rompió el cordón de seguridad y le dio su hija pequeña a Chávez para que la cargara.
Luego otra más hizo lo mismo, y un hombre que pasaba a mi lado se decía a sí mismo como quien lo ve y no lo cree: "¡Míralo ahí, a Fidel, qué cosa!". 
A la entrada y a la salida del cuartel, escenas similares. Y dentro, un cafecito de bienvenida para Fidel y canciones: "Chávez nuestro presidente, hoy recibe nuevamente a su homólogo Fidel, quien también trajo con él un mensaje para ti, y hoy culturalmente aquí, se hará una revolución con los hijos de Fidel y José Julián Martí.".

A renglón seguido, allí mismo, delante de los músicos y en el escenario que tuvo entre sus presos políticos a Hugo Chávez durante nueve meses después de intentar el cambio en Venezuela mediante el golpe de estado de febrero de 1992, los dos, el presidente bolivariano y su invitado oficial, y la primera dama María Isabel Rodríguez de Chávez, dialogan con dos indias, una a quien le dicen la Mamá, diputada a la Asamblea Nacional y líder defensora de los derechos de las poblaciones indígenas, y la otra, de nombre Maui, abrazan al Presidente de Cuba y expresan con voz suave y convicción firme su respeto y admiración por los dos hombres.