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Historia, Fidel, Revolución, socialismo, partido, ideología, pueblo y unidad: Razones para defender

Fecha: 

00/03/2005

Fuente: 

Revista Cuba Socialista

¿Cuál es el misterio de Cuba, se preguntan muchos, que con sus resultados en todos los sectores de la sociedad, viene demostrando a los pueblos del mundo que otro mundo mejor es posible? Aun bajo la presión de un bloqueo económico que dura más de 40 años, agresiones militares, biológicas, planes de asesinatos a sus dirigentes, múltiples sabotajes y acciones terroristas. Todo ello, además, organizado y dirigido por la mayor potencia mundial: el gobierno de los Estados Unidos. Nada ha debilitado al pueblo cubano que muestra al mundo una lección de independencia y soberanía cada vez superior.

No hay misterios, sí una realidad. Y está en la fusión de un grupo de factores entre los que sobresalen la Historia de Cuba, la personalidad de Fidel Castro Ruz, el ejemplo y los logros de la Revolución Cubana, el socialismo real cubano, la labor del Partido Comunista de Cuba, la ideología de la nación cubana, el pueblo revolucionario cubano y su unidad. El aporte y desarrollo de cada uno de estos factores ha enriquecido a los demás, y mantienen una interdependencia. Por eso, la argumentación de cada factor se convierte en una razón que se interpola y fortalece con los demás factores.

Historia de Cuba


Cuba tiene una historia muy rica, cuya memoria se ha enriquecido en sucesivas generaciones. Los cubanos conservan el espíritu del 10 de octubre de 1868, con Carlos M. de Céspedes, iniciando las luchas independentistas; del 15 de marzo de 1878, y un Antonio Maceo gigante protestando en Baraguá; del 24 de febrero de 1895 y José Martí, continuando la guerra necesaria; del 26 de Julio de 1953, con el ejemplo de Fidel y la Generación del Centenario asaltando, simultáneamente dos cuarteles y abriendo una nueva etapa de lucha; del 30 de noviembre de 1956, y los revolucionarios santiagueros, levantados en armas; del 2 de diciembre de ese mismo año, con un Granma y 82 expedicionarios, desembarcando en las costas cubanas; del 18 de diciembre de 1956, y Fidel lleno de futuro exclamando: ¿Siete fusiles? ¡Ahora sí ganamos la guerra!; del 13 de marzo de 1957, y los jóvenes estudiantes habaneros asaltando la guarida del dictador; del 5 de septiembre de 1957, y los cienfuegueros revolucionarios enriqueciendo las páginas de la historia.

Luego, acrecentando la memoria histórica, el primero de enero de 1959, con todo un pueblo en lucha y lanzado a la huelga general, para dar fin a la dictadura batistiana. Más tarde y, hasta hoy, la historia fue atesorando nuevos valores y tradiciones combativas y patrióticas. Los combates heroicos en los enfrentamientos a las agresiones del gobierno norteamericano: Girón y la Operación Mangosta. La Crisis de Octubre, con un pueblo que, sin temor, estuvo dispuesto a enfrentar una guerra termonuclear. Más tarde, las misiones internacionalistas y el enfrentamiento a las anticonstitucionales leyes norteamericanas, tales como las Torricelli, Helms-Burton y de Ajuste Cubano.

La década del 90, ante el derrumbe del campo socialista, el llamado período especial. Por último, la batalla de ideas, desde los combates por la liberación del niño Elián González hasta el enfrentamiento al nuevo plan demencial y fascista que ilegalmente aprobó el presidente W. Bush, cuyas medidas comenzaron a aplicarse el pasado 30 de junio de 2004.

En diferentes oportunidades el compañero Fidel se ha referido al papel determinante de la historia en la formación y desarrollo del pueblo cubano. Así, el 4 de mayo de 1984, en ocasión del XX aniversario de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estados, escribió en su mensaje de felicitación:

Para nosotros, la historia, más que minuciosa y pormenorizada crónica de la vida de un pueblo, es base y sostén para la elevación de sus valores morales y culturales, para el desarrollo de su ideología y su conciencia; es instrumento y vehículo de la Revolución.  

Más tarde, en octubre del 2000, dijo a los historiadores cubanos: Saben lo primero que yo aprendí en mi vida, un poco de historia y de la historia me salieron todas las demás ideas.   

Y es que en la historia están los valores, las tradiciones, los ejemplos, las lecciones y los paradigmas. Carlos Marx ya lo había expresado en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cuando escribió:

Los hombres hacen su propia historia pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino que existen y le han sido legadas por el pasado. Las tradiciones de todas las generaciones muertas oprimen como una pesadilla el cerebro de los vivos y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionarias es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para con ese disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.  

Sin el concurso de la historia, Cuba no podría dar los ejemplos que hoy ofrece. El propio Fidel, en su Informe Central al II Congreso del Partido, dijo:

Sin el Moncada no habría existido el Granma, la lucha en la Sierra Maestra y la victoria extraordinaria del Primero de Enero de 1959. De igual modo sin la epopeya del 68 y el 95, Cuba no sería independiente y el primer país socialista de América.  

Fidel Castro Ruz

La otra gran razón en los destinos de Cuba es, al decir de Ernesto Che Guevara: esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz. Líder indiscutible de la Revolución Cubana, Fidel como lo llaman los cubanos, desde su juventud se entregó plenamente a su pueblo y a los desposeídos de la Tierra. A Fidel le caben muchos méritos, entre ellos que:

•    supo apreciar las condiciones en el país, y el momento más oportuno para iniciar la lucha de liberación, crear los instrumentos necesarios para alcanzarla y preparar a los hombres y mujeres que iniciaron esta batalla;

•    acudió a los espíritus del pasado, recogió la tradición de lucha del pueblo, y representó la nueva escena de la historia nacional;

•    se destacó como el dirigente y organizador de la lucha armada y de la acción política radical del pueblo de Cuba;

•    interpretó el pensamiento más adelantado de los próceres de la historia cubana y universal, sobre todo, del ideario martiano y de las doctrinas de Marx, Engels y Lenin, las que ha sabido aplicar y enriquecer;

•    además de las cualidades de un dirigente y estratega político y militar, reúne un ilimitado grupos de valores de honestidad, compañerismo, solidaridad, afectividad y humanismo;
•    se caracteriza por su optimismo y fe en la victoria, su sencillez y sensibilidad, su inteligencia y cultura, su valentía y arrojo, su honradez y sinceridad y su lealtad a los principios;

•    posee ese don de convocar y unir al pueblo en torno a las mejores causas, esa habilidad de actuar con precisión y detalle hasta en las situaciones más complejas y peligrosas:

•    es capaz de transformar los reveses en victorias y posee la capacidad de tomar decisiones mesuradas y audaces que deshacen la lógica y los pronósticos del enemigo;

•    no le motivan los bienes materiales, ni el dinero, ni la fama, ni el afán de gloria. Solo le motivan las ideas humanistas y revolucionarias.

Si fuéramos a resumir en breves palabras la actividad de Fidel, pudiéramos decir que organizó y encabezó el asalto al cuartel Moncada, dando inicio en Cuba a una nueva y definitiva etapa de liberación. Desde la prisión, creó el Movimiento 26 de Julio, evitando que la lucha decayera. Organizó, desde México, la expedición del yate Granma y como jefe de 82 expedicionarios desembarcó en Cuba el 2 de diciembre de 1956. Se convirtió entonces en fundador del Ejército Rebelde y de la nueva Cuba revolucionaria. Comandante en Jefe de la lucha guerrillera y máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio. Fundador del primer Estado socialista en el hemisferio occidental y del Partido Comunista de Cuba. Vencedor junto a su pueblo de las tropas mercenarias que estimuladas, preparadas y pagadas por el imperialismo yanqui desembarcaron en Cuba por Playa Girón, en abril de 1961. Estadista inclaudicable en la Crisis de Octubre ante la amenaza atómica a Cuba por parte de los Estados Unidos, en 1962. Guía permanente del pueblo cubano en la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias, las agresiones, de todo tipo, de las administraciones estadounidenses y del bloqueo establecido contra Cuba. Triunfador en la búsqueda de alternativas para sobrevivir y desarrollarnos durante el período especial impuesto a nuestro pueblo. Luchador internacionalista incansable. Vocero perseverante de los países pobres del mundo. Comandante en Jefe decidido a enfrentar junto a su pueblo, desde la primera línea, la agresión que intenta realizar el imperialismo norteamericano. Creador y guía de la batalla de ideas. Combatiente incansable por demostrar que un mundo mejor es posible.

No podían faltar las palabras del comandante Ernesto “Che” Guevara, cuando escribió:

Hay varias características en su vida y en su carácter que lo hace sobresalir ampliamente por sobre todos sus compañeros y seguidores; Fidel es un hombre de tan enorme personalidad que, en cualquier movimiento donde participe, debe llevar la conducción y así lo ha hecho en el curso de su carrera desde la vida estudiantil hasta el premierato de nuestra patria y de los pueblos oprimidos de América.

Tiene la característica de gran conductor, que sumada a sus dotes personales de audacia, fuerza y valor, y a su extraordinario afán de auscultar siempre la voluntad del pueblo lo han llevado al lugar de honor y de sacrificio que hoy ocupa.  

Por todo eso, y por su devoción revolucionaria es el líder máximo del proceso revolucionario. Hoy se puede afirmar que la historia de Cuba, a partir de los primeros años de la década del 50, hay que estudiarla a través de Fidel Castro Ruz.

Revolución Cubana

Es otra de las razones extraordinarias. La obra más grandiosa del pueblo cubano. El poder de la Revolución transformó radicalmente a Cuba para siempre. Es una sola, comenzó en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, triunfó, 91 años después, el primero de enero de 1959, se consolidó y avanzó victoriosa sin que nada ni nadie pueda detenerla. Una obra hecha con esfuerzo y sacrificio, al costo de la sangre de miles de cubanos de muchas generaciones.

Genuina, integradora, con un resultado de gigantes. Desde los primeros momentos de su triunfo proclamó ante el mundo sus verdaderos objetivos, y entre las primeras medidas de la Revolución, procedió a la disolución del viejo ejército que había reprimido al pueblo y a juzgar a los principales responsables de los crímenes y torturas cometidos por la tiranía batistiana. La administración pública fue saneada de elementos que habían sido cómplices de la dictadura. Asimismo, los partidos políticos serviles y otros se autodisolvieron y sus direcciones abandonaron el país. Los programas de esos partidos no tenían nada que ofrecer al pueblo y su contenido nada tenían que ver con las aspiraciones de los cubanos. La Revolución acabó con las inmoralidades públicas, el hambre, la miseria, la incultura, el bandidaje, la deshonra, la mentira, la injusticia y la explotación. Terminó con la vergonzosa sumisión a los intereses extranjeros y fue capaz de liquidarlos y acabar con los prejuicios y la discriminación injusta y cruel. Además, despertó en el pueblo los más nobles propósitos de ideales y de vergüenza nacional; reavivó y renació sus más extraordinarias virtudes.

Con las arcas del Estado vacías —todo el dinero había sido robado y llevado a los Estados Unidos por los batistianos que abandonaron el país— comenzó un proceso de reestructuración de la esfera económica, social y política de Cuba. A las zonas rurales se enviaron miles de maestros y se comenzaron a construir hospitales en los lugares más recónditos de los campos. Fue desapareciendo la mendicidad, los niños abandonados y descalzos pidiendo limosnas por las calles a los cuales se les ofreció posibilidades de estudio.

El imperialismo norteamericano y la reacción, lanzaron feroz campaña, desde los días iniciales del triunfo, para confundir a las masas y dividir al pueblo cubano. Comenzaban las agresiones y los obstáculos. No podían tolerar una Revolución, un ejemplo en su traspatio. Tampoco hoy lo toleran, y continúan soñando con destruirla y regresar a las penurias y el latrocinio de 1958. La historia de la Revolución Cubana, desde 1959, es también una historia de agresiones al pueblo que decidió ser libre e independiente para siempre.

A 41 años del triunfo revolucionario, el concepto Revolución, es ya más abarcador, y más que un cambio violento de la situación o la transformación del estado de cosas, es un sentido de la vida. Así lo definió Fidel, el primero de mayo de 2000:

Revolución, es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.  

Ahí están los principios morales, las leyes de la Revolución, los propósitos por los cuales se lucha. Y ese sentido de la vida, que enseña el compañero Fidel, es el que guía y traza el camino de su pueblo.

Socialismo cubano

En un orden solo metodológico, es la cuarta razón que pretendemos argumentar. Para cubanos y extranjeros, Revolución Cubana es sinónimo de socialismo, que resulta un sistema genuino del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Un socialismo que se declara el 16 de abril de 1961 ante los muertos ocasionados por una agresión despiadada, respirando la atmósfera de una invasión inminente. Crece y se consolida en el enfrentamiento al imperialismo yanqui.

La propia declaración del carácter socialista de la Revolución Cubana tiene un matiz que la diferencia de otras revoluciones. En el sepelio de las víctimas de los bombardeos a los aeropuertos, que sirvieron de preludio a la invasión por Playa Girón, Fidel, más que una oración fúnebre, convocó al pueblo a defender a la Revolución socialista, cuando exclamó:

Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! (...) Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes estamos dispuestos a dar la vida.  

Los obreros y campesinos armados proclamaron la Revolución socialista de una vez y para siempre ante los féretros de sus compañeros caídos, para decirle al mundo, en víspera de la batalla histórica de Playa Girón —donde tantos ofrendaron sus vidas—, que estaban dispuestos a vencer o morir por la Revolución Cubana.

El socialismo cubano se ha desarrollado como el fruto natural de las luchas del pueblo por su independencia y soberanía. No fue una imposición. Sus premisas se vinculan a la lucha y al pensamiento de muchos hombres que desde el siglo XIX, proclaman libertades y justicia social para los cubanos.

La Guerra de los Diez Años forja la conciencia de nación arraigada en una profunda ética humanista y en las ideas políticas más avanzadas de la época. La unidad de los revolucionarios en un solo partido, la concepción de una república democrática presentes en el programa de la contienda organizada por José Martí contra el colonialismo español. La intervención norteamericana, frustrando la independencia de Cuba. El enfrentamiento a la Enmienda Platt y a los gobiernos neocoloniales consolidan el rechazo al injerencismo y el ansia de soberanía. Más tarde, el pensamiento y acción de Baliño, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Villena y muchos otros acercaron a ideas más universales.

En la década de los 50, Fidel Castro —después de concertar las ideas de justicia social y humanismo de los patriotas cubanos, fundamentalmente del ideario martiano, con los intereses y objetivos del marxismo-leninismo—, encabeza a los jóvenes de la Generación del Centenario y hace realidad las aspiraciones y los sueños de todas las anteriores generaciones. De esta forma surgió el socialismo cubano.

El 16 de abril se reafirmó y se llamó por su nombre, lo que se orientaba ya hacia el ideal socialista desde el día mismo en que, frente a las aspilleras de la fortaleza militar de Santiago de Cuba o en sus celdas de tortura y muerte o frente a los pelotones de criminales —que defendían un poder caduco—, daban su vida casi un centenar de jóvenes que se proponían lograr un cambio total en la vida del país.  

Partido Comunista de Cuba

Es otra de las razones, única fuerza capaz de aglutinar la voluntad del pueblo y dirigirla a las soluciones más difíciles y complejas de la Revolución. El Partido es fuerte e influyente no porque se declare como la fuerza dirigente de la nación cubana, sino por su prestigio y ejemplo, por agrupar en su seno a la vanguardia de los obreros, campesinos, intelectuales y todos los trabajadores en general, por su programa, coincidente con los intereses de la mayoría del pueblo y por su vinculación con las masas.  
El Partido Comunista de Cuba es la unidad y la continuidad histórica de las tres fuerzas que mayor participación tuvieron en el desplome de la tiranía batistiana: El Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario. El primero, representaba a los campesinos que se aglutinaron alrededor del Ejército Rebelde; sectores obreros sin partidos; sectores profesionales, intelectuales, estudiantiles y juveniles; así como los hombres y mujeres más progresistas de la clase media y la pequeña burguesía. El Partido Socialista Popular representaba los sectores más avanzados de la clase obrera agrícola e industrial, y algunos elementos en los pequeños campesinos. El Directorio Revolucionario representaba, fundamentalmente al sector estudiantil, en donde había surgido.

Desde los primeros momentos, las tres organizaciones tuvieron contactos y se prestaron ayuda en la lucha revolucionaria contra la tiranía, aunque cada organización tuvo su dirección, estructura y su táctica de acción. Con el empuje de las tres fuerzas triunfa la Revolución. Fidel, en el histórico Primer Congreso del Partido, lo ratifica de esta manera:

Esto no fue obra solo del Movimiento 26 de Julio. El partido marxista-leninista, que agrupaba a lo mejor de nuestra clase obrera, pagó un elevado tributo de sangre entregando la vida de muchos de sus hijos. Los combatientes del Directorio Revolucionario, protagonizaron numerosos episodios heroicos, como el ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, y participaron activamente en la lucha insurreccional. De estas canteras surgió más tarde nuestro glorioso Partido Comunista.  

Con el transcurso de los años, cumpliendo las normas leninistas de organización, el Partido Comunista de Cuba bajo la dirección de Fidel, se fue convirtiendo en la fuerza que es hoy, capaz de unir, organizar, orientar, encauzar las potencialidades del pueblo trabajador y guiarlo para hacer realidad los objetivos de la Revolución cubana.

La definición más elocuente del Partido fue dada por el compañero Fidel en el Primer Congreso del PCC, cuando expresó: El Partido lo resume todo. En él se sintetizan los sueños de todos los revolucionarios a lo largo de nuestra historia: en él se concretan las ideas, los principios y la fuerza de la Revolución.  

Ideología de la nación cubana

Es el factor imprescindible e irremplazable en el proceso revolucionario cubano, donde está la fuerza de la Revolución, del socialismo y del partido: sus ideas. La ideología del pueblo revolucionario cubano ha tenido un desarrollo coherente, con el pensamiento y las ideas de los pensadores cubanos más nobles, ilustres, patriotas y revolucionarios. El ideario de José Martí —síntesis de lo mejor del pensamiento cubano— ha sido enriquecido por las ideas del marxismo y del leninismo y por los aportes del pensamiento de Fidel.

En ese sentido el líder de la Revolución cubana ha expresado:

Hay que decir que el desarrollo del pensamiento revolucionario estuvo influido fuertemente por las tradiciones de nuestro país, fuertemente por la historia de nuestro país, por las luchas emancipadoras de nuestro país. Y puede decirse que la concepción que inspiró la estrategia revolucionaria que dio lugar al triunfo en 1959 fue precisamente la unión, la hibridación de una tradición, de una experiencia peculiar de nuestro país con las ideas esenciales del marxismo y del leninismo.  

Luego, precisaría Fidel: Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y Martí son para nosotros inseparables de Marx, Engels y Lenin. Están unidos en nuestras conciencias.  

Así lo ratifica la plataforma ideológica aprobada en el V Congreso del PCC, bajo el título El Partido de la unidad, la democracia y los derechos humanos que defendemos en la está claramente definido que el PCC:

Tiene por ideología las enseñanzas de los geniales maestros de los trabajadores Marx, Engels y Lenin, la doctrina martiana y las ideas creadoras y el ejemplo de Fidel.  

La formación del pensamiento revolucionario cubano, tiene sus inicios en las ideas de Félix Varela, el cubano de quien se afirma fue el primero que nos enseñó a pensar; José de la Luz y Caballero con su pensamiento pedagógico ilustró la manera de conocer; Carlos M. de Céspedes quien dio el sublime ejemplo de iniciar con un puñado de hombres una guerra necesaria; Agramonte que inculcó la vergüenza; Maceo la intransigencia revolucionaria; Gómez el internacionalismo; Martí la unidad, su ardiente patriotismo y el fundamento moral de la Revolución. Estos y todos los próceres de nuestras luchas independentista, sentenció Fidel:

Nos mostraron el coraje y el espíritu combativo de nuestro pueblo, la guerra irregular y las posibilidades de adaptar las formas de lucha armada popular a la topografía del terreno y a la superioridad numérica y en armas del enemigo.  

Baliño, aportó las primeras ideas del marxismo-leninismo; Mella enseñó a morir por la Revolución; y Villena, entregó la carga para acabar la obra de la Revolución. Ernesto Guevara su internacionalismo en una nueva dimensión y Camilo Cienfuegos su fidelidad.

Fidel, asumió el pensamiento cubano, lo concertó con el marxismo-leninismo y sus aportes enriquecieron las ideas de la Revolución. El mismo lo explicó cuando manifestó:

Yo tenía una doble influencia, que la sigo teniendo hoy: una influencia de la historia de nuestra patria, de sus tradiciones, del pensamiento de Martí, y de la formación marxista-leninista que habíamos adquirido ya en nuestra vida universitaria.

Siempre esa combinación de las dos influencias: la influencia del movimiento progresista cubano, del movimiento revolucionario cubano, del pensamiento martiano y del pensamiento marxista-leninista, estuvo muy presente en todos nosotros. No se puede separar una cosa de la otra en la historia de nuestro país. Porque Martí en su época cumplió la tarea que le correspondía y fue exponente del pensamiento más revolucionario de aquella época. Pudiéramos decir, que para nosotros la vinculación de ese pensamiento patriótico, de ese pensamiento revolucionario con el pensamiento revolucionario más moderno, con el marxismo-leninismo; la combinación de ésa fueron los elementos que más influyeron en nosotros y que más realmente, nos inspiraron.  

La ideología de la nación cubana se forjó con las ideas más puras, no fue impuesta, fue formada en la lucha. El pensamiento de cada patriota revolucionario ha ido respondiendo a las acciones de enfrentamiento de la época concreta que le ha tocado vivir. Primero al colonialismo español, luego a los gobiernos neocoloniales, y por último, a la consolidación y defensa de la Revolución socialista. Siempre con un contenido antiimperialista, de justicia social, de amor a la patria, de solidaridad y de independencia nacional.

Pueblo de Cuba

El pueblo digno, heroico, noble y solidario de Cuba es también una de las razones que dan respuesta a los que preguntan ¿cuál es el mito de los cubanos? Sin la firme decisión del pueblo no hubiese sido posible alcanzar los beneficios que hoy se pueden mostrar. Y es que el pueblo ha sido el protagonista más importante de su propia historia. Es en el pueblo, en las masas donde toman cuerpo las convicciones, donde de manera tangible se convierten en fuerza material las ideas de Fidel, la Revolución y el Partido.

Este es un pueblo que ha parido patriotas y revolucionarios. Hombres y mujeres que en cada generación han ocupado un lugar decisivo en la historia. Sería interminable mencionarlos a todos, ahí están en la memoria de cada cubano y en las palabras de José Martí cuando expresó: No es que los hombres hacen los pueblos, sino que los pueblos, con su hora de génesis, suelen ponerse, vibrantes y triunfantes, en un hombre.  

El papel que le ha correspondido al pueblo cubano en la Revolución fue definido por Fidel en fecha tan temprana como el 3 de febrero de 1959, cuando declaró:

La Revolución democrática que ha llegado al poder, es la Revolución cuya características tiene que ser necesariamente la interpretación de los deseos, de los anhelos de la mayoría del pueblo. La Revolución ha llegado al poder no para que mande un grupo de hombres, sino para que mande el pueblo. El pueblo es el que está gobernando.  

Años después precisó:

No se entenderá el fenómeno de la Revolución Cubana si no se entiende que la Revolución se mantiene por el apoyo del pueblo y no por la fuerza. Si un día, repito, la Revolución no tuviera el apoyo absolutamente mayoritario del pueblo, no podría sostenerse.  

La confianza depositada por el compañero Fidel en el pueblo demuestra cuán de grande son las hazañas que ha protagonizado. Siempre la participación del pueblo ha sido decisiva. Así lo apreciamos cuando acudió en masa para lanzarse a la huelga general, convocada por el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, el 1ro de enero de 1959, para apoyar a las armas revolucionarias y garantizar la victoria total de la Revolución. El 21 de enero de 1959, en la gran concentración conocida por Operación Verdad, primera consulta popular ante las mentiras y acusaciones del gobierno norteamericano contra la Revolución Cubana. Fidel consultó, el pueblo aprobó unánimemente. Y las palabras de Fidel:

Señores representantes del cuerpo diplomático, señores periodistas de todo el continente, el jurado de 1 000 000 de cubanos de todas las ideas y de todas las clases sociales, ha votado.  

Luego vendrían la masiva incorporación a las Milicias Nacionales Revolucionarias, los jóvenes y niños a la Campaña de Alfabetización, los victoriosos combates de Playa Girón, el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias en el Escambray y otros lugares montañosos del país. La Crisis de Octubre puso en alto lo que representa el valor de un pueblo entero cuando decide defender a ultranza la obra que construye. La decisión de aprobar la Primera y la Segunda Declaración de La Habana demostró la fortaleza de las masas populares. Asimismo, es notable como cientos de miles de cubanos acudieron en defensa de la independencia y soberanía de otros pueblos cuando fueron solicitados el concurso de sus esfuerzos, un ejemplo muy difícil de imitar. Hoy ese ejemplo se reproduce en los miles de médicos y colaboradores que contribuyen, portando la bandera de la solidaridad, con otros muchos pueblos, cumpliendo la sentencia martiana de que Patria es humanidad.

Una muestra fehaciente del poder y la unidad del pueblo cubano son las gloriosas marchas del pueblo combatiente, las tribunas abiertas, las concentraciones en las plazas provinciales y de la Revolución, donde acude como lo hizo ayer a manera de plebiscito para apoyar a su líder y dar la batalla por la liberación del niño Elián, y como la libra hoy por la de los cinco héroes presos injustamente en cárceles norteamericanas.

En Cuba se reúnen todos los ingredientes que necesita un pueblo para avanzar y llegar hasta el final—a pesar de los obstáculos que el enemigo coloca— . Estos ingredientes son precisamente: su propia historia, Fidel, la Revolución, el socialismo, el partido y la ideología. Este pueblo siempre ha sido actor, protagonista y héroe de la Revolución, y así lo ve Fidel cuando confiesa:

Para mí, por encima de todo, la patria es el pueblo, y yo siento una enorme admiración por nuestro pueblo y cada vez más, porque nuestro pueblo cada vez es mejor. Porque este es un pueblo que hizo la Revolución y un pueblo que ha sido forjado, a la vez, por la Revolución. Ese pueblo que conozco tan bien, al que me siento tan vinculado y me siento tan comprometido, es un pueblo al que amo y admiro extraordinariamente, y siento orgullo de ser parte de ese pueblo, hijo de ese pueblo.  

Unidad

Es tan decisiva que sin ella no es posible avanzar un solo paso. La unidad siempre ha sido el blanco de todos los ataques de nuestros enemigos. Desde tiempos bíblicos se conoce que la sentencia divide y vencerás ha sido la táctica más usada por quienes oprimen, subyugan y agreden a los pueblos. ¿Qué hubiera sido de la Revolución si el pueblo cubano se hubiera desmembrado en varios partidos, con varios programas, objetivos y direcciones diferentes?

Dividir es debilitar, es restarle fuerza a la mayoría. Y esa mayoría unida del pueblo es la que ha mantenido a la Revolución. Fidel siempre lo alertó:

Las divisiones nos han derrotado más de una vez en la historia, excepto en la etapa final de nuestra Revolución. Luego, la historia nos enseñó otra lección: la necesidad de estar unidos por encima de todo; y fue la estrecha unidad de las fuerzas revolucionarias y de nuestro pueblo lo que le dio, a partir del Moncada y, sobre todo, a partir del primero de enero de 1959, la fuerza invencible que caracterizó a nuestra Revolución.  

Es decir, los dos elementos que contribuyeron a unir a todo el pueblo fueron, entonces, el programa del Moncada expuesto por Fidel en el histórico documento La historia me absolverá y el derrocamiento de la tiranía batistiana.

Cuando un pueblo pequeño como el cubano, tiene adversarios poderosos no hay otra alternativa que mantenerse unido. Esa ha sido una de las mayores experiencias. Los revolucionarios cubanos, desde las tempranas edades, conocen que este pueblo nunca puede dividirse, y ante una acción del enemigo, la reacción del pueblo es estrechar filas. Ha sido así en los más de 45 años de Revolución triunfante. Decir cubano y decir pueblo es decir unidad. Un pueblo que no abandona jamás a ninguno de sus hijos, se aprieta y tomados de la mano se convierte en un escudo de combate.

La fuerza y el respaldo de la Revolución está en la unidad del pueblo. Y no ha cabido otra división, que no sea — como dijo Fidel en octubre de 1959—, entre los que están con la Revolución y lo que están contra ella.  

Muchos argumentos justifican a esas ocho razones como los factores de las victorias de la Revolución Cubana. Pueden existir otras muchas razones. La Revolución es muy grande, inmensos son también los hombres y mujeres que la han hecho posible, los esfuerzos han sido titánicos, entonces, gigantes también son las razones y argumentos de esta obra.

No pocas veces, he considerado que los factores explicados son parte importante de los fundamentos del trabajo político e ideológico. NO es posible realizar esa importante labor entre las masas sin acudir a la historia de nuestro país, a Fidel, a la Revolución, al socialismo, al partido, a su ideología, al ejemplo del pueblo cubano y a su unidad. Todo el contenido que encierra cada uno de ellos es fuerza cardinal del trabajo político e ideológico.

Si estas razones nos han conducido hasta hoy por el derrotero correcto, entonces, estamos obligados a preservarlas. Defenderlas es nuestra obligación, arraigarlas en la conciencia de todos, un deber. Démosle la satisfacción y el placer a las generaciones del futuro —que están por nacer y por crecer— de apropiarse de ellas.