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¿Por qué el Cólera en Haití?

Fecha: 

27/12/2010

Fuente: 

Cubadebate

El autor, Emiliano Mariscal, es un médico argentino graduado en la Escuela Latinoamericana de Medicina, que integra la Brigada Médica Cubana en Haití.
  Niña en un hospital de Marchad Dessalines, Haití, salvada tras padecer el cólera. Foto: AP/ Ramón Espinosa.


Querida familia:

Esta interrogante que me hacen tiene gran complejidad y me recordó algunas de las preguntas clásicas de la epidemiología:

¿Por qué esta persona enfermó y no aquella?

¿Por qué esta enfermó en este momento y no en otro?

¿Por qué existen comunidades con mayor incidencia* de una patología que otras?

¿Por qué esa incidencia puede modificarse con el tiempo?

¿Por qué dentro de una misma comunidad hay grupos con mayor incidencia y otros con menos?

El estado de salud de la población está determinado por el modo y estilo de vida, la biología humana, el medio ambiente y la organización de los servicios de salud.

Pero profundicemos en la esencia:

Dice el diccionario que esencia es aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Si buscamos lo permanente e invariable del sistema que rige al mundo (capitalismo), pues determina el modo de vida de la buena parte de la población mundial, su objetivo es la obtención de ganancias, realizar cualquier actividad que permita ese fin.

¿Pueden todas las personas obtener ganancias si, por ejemplo, dos personas se dedican a producir alguna cosa? ¿Ambas pueden obtener ganancias?  La respuesta es que No, pues para que una persona obtenga ganancias debe existir otro que fracase. Cada uno de los productores para alcanzar el fin de su actividad (la ganancia) debe superar al otro, o sea que está basado en la competencia que se convierte en motor de desarrollo, y cada cual perfecciona su actividad con el fin de prevalecer sobre el otro.

Por lo tanto la esencia es la desigualdad. Para que alguien sea rico ha de existir su contraparte, alguien que no alcance la obtención de ganancias. El mito del pobre que con su trabajo y sacrificio se hace millonario se convierte en una ficción, pues es imposible que todos los seres humanos con su solo esfuerzo alcancen el fin último de obtener ganancias.

¿Cómo se refleja esto a nivel global? Existen personas ricas y otras pobres; hay países desarrollados y otros llamados subdesarrollados. A expensas del saqueo y la explotación de extensos territorios, un grupo de países fueron capaces de iniciar un proceso de desarrollo superior que les permitió imponer al resto la división internacional del trabajo, determinando el rol de cada país en el mercado mundial. Los países llamados subdesarrollados exportan lo que les toca e importan lo que necesitan. La estructura de esas economías se deforma puesto que su desarrollo no es homogéneo. El poder de la especulación crece, surgen las transnacionales que necesitan estados débiles y pueblos dominables. El absurdo y la sin razón se desarrollan hasta el extremo de que todo se vuelve ficticio, el sistema está regido por la especulación, la exorbitante burbuja financiera estalla y junto con ella el propio sistema tambalea.

¿Cuáles son los mecanismos de dominación? Haití fue el primer país donde los esclavos rompieron cadenas y decidieron hacer su propio camino. Desde entonces tal osadía y semejante peligro para la lógica ya abordada del sistema, fue sistemáticamente castigada, con mecanismos económicos como la “Ley de la independencia” que obligó al pago de indemnización a propietarios franceses de tierras y esclavos, o la Ley que obligaba a consumir el 40% de la leche importada de Francia, así como la ocupación militar de Estados Unidos en 1915, seguida de una dictadura macabra que por muchos años extendió esa dominación (sucesos que han originado una heroica historia de resistencia y dignidad de un pueblo aguerrido y combativo).

He ahí una causa de la tragedia que vive Haití. De ese proceso surge la nula inversión en infraestructura que brinde fuentes de abasto de agua (solo el 40% de la población tiene acceso a fuentes de agua); la inexistencia de sistemas para eliminar de residuales, tanto líquidos como sólidos; la pobre infraestructura necesaria para cualquier proceso productivo, con el consiguiente desempleo y dependencia del financiamiento externo.

Explica también las dificultades para el acceso de la población a la educación, que determina el alto índice de analfabetismo (superior al 50% de la población); las escasas instalaciones sanitarias, con instituciones que cobran los servicios a una población con bajo poder adquisitivo (mortalidad infantil 57 por cada 1000 nacidos vivos y la esperanza de vida de 53 años); la ausencia de redes de abastecimiento de gas y electricidad que determinan el uso masivo del carbón, causante de la deforestación de más del 95% de sus suelos y que, a su vez, explica las frecuentes inundaciones que han azotado al país, así como los innumerables daños ocasionados por huracanes.

Todas estas condiciones propician la propagación del Vibrión Cholerae, bacteria que se transmite a partir de la contaminación de fuentes de agua o alimentos. Las personas que habitan sitios en que no existen fuentes de agua acuden a extraerla de los ríos y afluentes, puesto que ningún ser humano puede prescindir de ella. No tienen otra opción.

En muchos lugares utilizan las aguas de los ríos para conformar canales que discurren por diversos poblados. El producto de otra necesidad vital son emuntorios o desechos humanos diseminados por la tierra, cuyo destino final son los ríos y sus afluentes, y de este modo se contaminan las fuentes de agua. Gran cantidad de personas nunca tuvieron posibilidad de acudir a la escuela y el analfabetismo suele ir contra la dignidad que puede sentir una persona.

Esta realidad me ha hecho preguntarme qué sentiría si tuviera que vivir en esas condiciones. Por ejemplo, dormir en la calle o en una improvisada tienda, no tener agua para beber o bañarme, no poder brindar educación a mis hijos ni acudir a sitio alguno en caso de necesitar atención médica. Hacerse esa pregunta es un ejercicio que deberíamos realizar de vez en cuando. Mi respuesta sería que tomaría agua de los ríos, arrojaría excretas en la tierra, nada me importaría más allá de sobrellevar esa existencia, me sentiría quizá maniatado, deshecha mi autoestima por la imposibilidad de escribir mi propio nombre o saber siquiera mi edad. Y quizá Dios y la promesa de una vida mejor en El Paraíso fuese mi única esperanza. Sin embargo, incluso en estas condiciones, muchos luchan por un futuro mejor. Los he visto, y mentalmente deseo ahora mismo que les llegue a ellos mi admiración y respeto.

Desde esa óptica las causas de esta epidemia van esclareciéndose. En estos factores subyace la raíz del problema y su solución la encontramos en la lucha por un mundo mejor, un mundo con justicia, igualdad, basados en principios de solidaridad y de respeto mutuo. Sin amos ni imperios, sin imposiciones de ningún tipo. Pueblos verdaderamente libres, independientes y dueños de su propio destino. Un mundo donde el bienestar del ser humano sea el objetivo principal,  donde el mal de uno sea preocupación de todos.

Queridos míos:

Les cuento ahora de nosotros. La Brigada Médica Cubana en Haití, este 25 de diciembre, ha llegado a la cifra de 46 126 personas atendidas por el padecimiento del Cólera. Ha contactado con 401 688 personas para ofrecerles educación sanitaria, la mayoría habitantes de subcomunas y poblados de difícil acceso.

Ser parte de la BMC es hermanarse con este pueblo, es sentirse integrante de un ejército sanitario que lucha desinteresadamente por el bienestar y la vida. Es luchar contra el mecanismo de dominación, que no necesariamente tiene que ser el destino de este pueblo.