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Un lector llamado Fidel Castro

Fidel Castro lee el libro «Los sueños de mi padre», de Barack Obama
Fidel Castro lee el libro «Los sueños de mi padre», de Barack Obama

Fecha: 

27/03/2015

Fuente: 

Vanguardia

Por estos días de Feria Internacional del Libro, nos viene a la memoria la pasión del líder histórico de la Revolución Cubana por la lectura, un hombre que ha confesado públicamente no tener toda su vida para leer y estudiar.
 
Sé que caigo en la bolsa de lugares comunes al repetir que Fidel es un lector empedernido, pero no encuentro otra expresión para referirme al hombre que desde que le conozco, le escucho y le leo, ha dado prueba irrebatible de su pasión por los libros, hábito engendrado desde su infancia y que, entre otros factores históricos y genéticos, han hecho de él un presidente culto y sabio, visto por muchos como un profeta.
 
Varias veces, dejando a un lado su típica modestia —para hacer gala de otra de sus cualidades, la honestidad— Fidel ha revelado haber leído cuantos libros ha podido en su vida, y sentir dolor por no disponer de más tiempo para ello.
 
«Sufro cuando veo las bibliotecas, sufro cuando reviso una lista de títulos de todas clases, y lamento no tener toda mi vida para leer y estudiar», confesó a Tomás Borge, en ocasión de una larga conversación sostenida durante los días 18 y 20 de abril de 1992, publicada ese mismo año en forma de libro, bajo el título Un grano de maíz.
 
Muchacho de su época, primero devoró no pocas historietas o «muñequitos», como se le llamaba entonces. Luego, fue interesándose por la Historia, de modo que leyó no solo sobre los hechos acontecidos en su patria sino también aquellos de carácter universal, incluyendo las biografías de grandes personajes. En el bachillerato entró en contacto con la Literatura Española, fundamentalmente los clásicos.
 
Al comandante sandinista descubrió haber leído mucho no solo de historia sino también de geografía y literatura política. [...] «Tengo una gran colección de libros sobre Bolívar, siento una admiración infinita por Bolívar. Considero a Bolívar el más grande personaje dentro de los grandes personajes de la historia [...] Ya no te digo de Martí. Martí es un Bolívar del pensamiento, y Bolívar fue un genio de la política, un genio de la guerra, un estadista, porque tuvo las oportunidades que no tuvo Martí de dirigir Estados».
 
Al preguntarle qué estaba leyendo últimamente, Fidel le responde:
 
«De todo he leído. Se me acaban los libros y entonces tengo que salir a buscar. Anoche estaba leyendo una novelita de ficción que se llama El Perfume, de Patrick Süskind. Es un tema inusitado, muy interesante, muy ameno. [...] Voy por esa parte en que el noble francés está tratando de proteger a su hija pelirroja de los riesgos que significan las actividades que está realizando el personaje central, que es el perfumista Grenouille. [...] Lo que he aprendido sobre los perfumes en esa obra es increíble, se puede decir que hasta la tecnología de la producción perfumes. Es muy variada la literatura. Tengo libros, algunos son más pesados, otros son menos pesados. Tengo en remojo otra que se llama La muerte es un asunto solitario, de Bradbury, también de ficción. [...] Todo depende, Tomás, del trabajo que tenga, de las actividades en que esté envuelto».

Guerrillero del libro
 
Como la lectura es un hábito de los más benéficos y saludables, la pasión de Fidel por ella debe haber influenciado también en su inteligencia, memoria, creatividad, imaginación y vitalidad, que ahora, cercanos sus 89 años, desborda cualquier límite y hace que muchos lo tilden de profeta cuando en realidad es un hombre dotado de infinitos conocimientos, iluminado permanentemente por un ideal, y signado por su ilimitada confianza en los seres humanos.
 
Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC), durante la presentación de Fidel Castro. Guerrillero del Tiempo, se referiría con palabras más precisas a algunas de estos caracteres de un líder político «que al final revelan la sensibilidad cincelada por los golpes de la vida:
 
Gala de una memoria prodigiosa, con detalles insólitos que van desde la edad de dos años cuando aún no tenía idea de la muerte, y había presenciado el triste velorio de un tío hasta los hechos más recientes contados con precisión y vuelo imaginativo. [...] Fuerza de carácter, espíritu alerta. [...] Una lucidez deslumbrante y una proyección dirigida a la colectividad, a los cambios sociales y al futuro. Una pupila que ve al ser humano en su devenir, sin menoscabo del pasado y sus leyes; esa manera de enfocar a la sociedad desde un humanismo profundo singulariza su filosofía y los postulados martianos desde los cuales percibió el mundo».
 

Fidel Castro leyendo en la Sierra.

A Fidel hay que disfrutarlo de cerquita, y no una sola vez. Amén de su personalidad abrumadora, en muchas ocasiones fascina por ese niño que todos llevamos dentro y que en él aflora, en la mirada pícara y la sonrisa ingenua, bajo las cuales sucumben amigos y enemigos. Como si estuviera invitándote —durante el tiempo que perduran—, a no creerle, o si lo prefieres, a sumarte a sus pensamientos no expresados en palabras, fundados por la enorme información que ha procesado e interpretado con sano juicio y propiedad.
 
En 1985, el periodista Joelmir Beting, refiere a Fidel lo agitado de su ritmo de trabajo: «Una hora y media de programa de radio todas la mañanas. Media hora de televisión por la noche. Y redacto una columna de comentarios económicos editada diariamente en 28 periódicos brasileños». Fidel, que bien sabe no le gusta perder, le confronta:
 
«Todos los días dedico una hora y media a la lectura de los cables internacionales, de casi todas las agencias. [...] Si leo que se ha descubierto en algún país un nuevo medicamento o equipo médico innovador y de gran utilidad, mando a buscar rápido información sobre el mismo. [...] Desgraciadamente, el tiempo no alcanza para recoger y analizar todas las informaciones que a uno le interesan. [...] Quería actualizarme mejor para esta conversación contigo y mandé a buscar todas las noticias económicas internacionales importantes de los últimos dos meses. ¡Recibí cuatro volúmenes de 200 páginas cada uno! No es fácil seguir la dinámica de los acontecimientos, las aventuras del dólar y las consecuencias en la economía mundial de la nefasta política económica de estados Unidos».
 
En la era de Internet las noticias pueden resultar infinitas, y la información, abrumadora. Pero su método interpretativo no falla. Parece no seguir la recomendación maximiliana de que «aprender a trabajar es aprender a descansar». No le fatiga conversar, «descansa conversando. Sigue viviendo, sin prescripción facultativa, la emoción al riesgo», como bien apunta Ignacio Ramonet, para quien los libros reflejan muy bien la amplitud de los gustos de Fidel.
Fecundas lecturas
 
Luego del asalto al Moncada Fidel se interna en las montañas con la intención de proseguir la lucha armada, pero es sorprendido y hecho prisionero por una patrulla militar. Tras los barrotes de la cárcel provincial de Boniato pasa 75 días aislado en una celda. «En aquellas duras condiciones, sin embargo, yo tenía algunos libritos, aunque no lo permitían», relata a Ignacio Ramonet .
 
El 13 Agosto de 1954, Fidel cumple 28 años en el Penal Modelo de Isla de Pinos, presidio que convirtió en una nueva trinchera, conocida como la prisión fecunda porque, según sus propias palabras, aquella etapa «terminó de forjar mi visión del mundo y completó el sentido de mi vida».
 
Si las autoridades de la cárcel les aplicaban la severidad de un régimen penitenciario arbitrario y absurdo, Fidel se imponía por encima de este un sistema de vida y de estudio mucho más riguroso y consciente, en que la lectura también le abriría el camino «para los grandes combates del mañana», según reseña Mario Mencía.
 
El destacado periodista e investigador de la última fase insurreccional cubana, integra al relato de los acontecimientos las cartas de Fidel desde el presidio, documentos de excepcional interés revolucionario humano, y «llenas de reflexiones de acento íntimo y elaboración literaria», como hace constar Jesús Montané Oropesa.
 

Algunos de los libros leídos por Fidel Castro en el Presidio Modelo.

Sobre el crucial período, varios parlamentos de correspondencia no identificada por Mario Mencía, pero al parecer sostenida con su hermana Lidia Argota, resultan reveladores del itinerario progresivo de aquellas lecturas.
 
«Víctor Hugo me entusiasmó lo indecible con Los Miserables; sin embargo a medida que va pasando el tiempo, me voy cansando un poco de su romanticismo excesivo, su ampulosidad y de la carga, a veces tediosa y exagerada, de erudición.» Ya había leído varias obras de Shakespeare y de Romain Rolland.
 
« [...] Todo lo quiero saber, y hasta las listas bibliográficas de cada libro las repaso acariciando la esperanza de leer los libros consignados. En la calle me inquietaba porque me faltaba tiempo, y aquí donde el tiempo parece sobrar también me inquieto.»
 
A finales de febrero de 1955 yace confinado en solitario. Al mes siguiente, escribe: «Sigo sin luz, con hoy ya diecisiete días. Las velas no las dejan pasar. [...] Apenas obscureció comenzó a tronar con insistencia; [...] Al poco rato se inició un furioso aguacero. El agua, arrastrada por el viento, penetraba los ventanales sin más protección que las rejas, mojándolo todo impunemente. Hice cuanto pude por proteger los libros dentro de las maletas colocándoles una frazada por arriba. [...] En un rincón, calados los huesos de humedad y frío esperé con infinita paciencia el fin del vendaval.»
 
Y el día 22: «Ya tengo luz; estuve 40 días sin ella y aprendí a conocer su valor. No olvidaré nunca, como no olvidaré la hiriente humillación de las sombras; contra ellas luché logrando arrebatarles casi doscientas horas con una lucecita de aceite pálido y tembloroso, los ojos ardientes, el corazón sangrando de indignación. De todas las barbaridades humanas, la que menos concibo es el absurdo.»
 
El 24 de marzo dejaba otra constancia manuscrita: «A las 7, aproximadamente, enciendo la luz. Entonces comienza el combate con los mosquitos. Si estoy escribiendo los espantos con mucho humo de tabaco. Luego se me cuelan dentro del mosquitero. [...] Pero no es solo eso, cuando voy a empezar a leer, siempre me pasa algo: se me queda el lápiz de colores, salgo, lo recojo; abro el libro y resulta que cogí un tomo en vez de otro: ¡a salir otra vez! Luego es el diccionario, si no los espejuelos, ¡qué lío! Por eso, para mayor comodidad, tengo al lado derecho de la ama un montoncito y arriba de la ama otro montón. Eso sí, los cuido mucho. »
Asombrosa relación
 
En los 22 meses que duró su encierro la relación de obras y autores que venció Fidel es asombrosa. Veamos algunas: Feria de vanidades, de William Thackeray; Nido de hidalgos, Iván Turgueniev; El capital, Carlos Marx. Además, ha comenzado a estudiar a autores cubanos como Félix Varela y Luz y Caballero, que alterna con las Obras de José Martí de la Editorial Lex. De Honorato de Balzac, La piel de zapa; de S. Zweig, Biografía de Napoleón el pequeño; de J. Cronin, Las estrellas miran hacia abajo; de S. Maugham, El filo de la navaja; de Sigmund Freud, cuatro de los 18 tomos que componen las Obras Completas; y de Dostoievski, Los hermanos Karamasov, Humillados y ofendidos, Crimen y castigo, El Idiota, El sepulcro de los vivos, Las pobres gentes y el cuento Proachim.
 
El 5 de abril de 1955 reseña que tiene material abundante para el estudio de los grandes movimientos políticos contemporáneos pero nada del New Deal de Roosevelt. Le interesa conocer sobre su política de elevación de precios de los productos de la tierra, fomento y conservación de la fertilidad del suelo, facilidades de crédito, liberación de deudas, ampliación de mercados interiores y exteriores en el campo agrícola; incremento de fuentes de trabajo, reducción de jornada, elevación de los salarios, ayuda social a los desempleados, ancianos e inválidos; reorganización de la industria, nuevos sistemas de impuestos, reglamentación de los truts, y la reforma bancaria y monetaria.
 
En cuatro meses junto a una Gramática Latina, un Diccionario de Modismos y la Oratoria de Demóstenes, rodean su cama de la prisión: Técnica del golpe de Estado, de Cursio Malaparte; de Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, Psicología de las multitudes, Fundamentos de la Política, El fascismo al desnudo, La época de la revolución religiosa, y La reforma y la contrarreforma; de Tomás Moro, Utopía; las Obras completas de Homero, Cicerón y Mirabeau, y de José Ingenieros, El hombre mediocre.
 
Con el paso de los días aumentan las lecturas: El lirio del valle, Las cien mejores poesías, Siete cantos, El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde; Eugenia Grandet, de Honorato de Balzac; Calle Mayor, de Sinclair Lewis; Ana Karenina, de León Tolstoi; Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, y Juan Criollo, de Carlos Loveira. El tema histórico es constante: Martí, Morelos, Bolívar, Bonaparte, y los 10 voluminosos tomos de la Historia de la nación cubana.
 
En su vida de casi 89 años, a juzgar por la lectura de estas obras y autores, citados en centenares de conversaciones, discursos, entrevistas, declaraciones, Fidel constituye uno de los jefes de Estado más culto e instruido. De ahí el hombre de ideas sólidas y con una extraordinaria visión mundial: astuto, curioso, de un torrente de palabras sencillas pero impactantes; su capacidad para valorar una situación concreta y la rapidez de análisis acompañada de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio.
 
Con los años su cerebro no ha perdido lucidez. Fidel Castro Ruz, vive de otra forma la vida política de su país y sigue minuto a minuto el acontecer mundial. Escribe, advierte, aconseja... Y lee, lee, tal vez con zozobras, espantos y alegrías; ¿acostado o sentado?, ¿con el inseparable lápiz de color afilado, espejuelos, libros, cables e informes a su lado?, ¿en un tablet, en una laptop...?
 
Otra época, otros títulos, otros autores, achaques de la edad, nuevos y más graves problemas mundiales. Pero seguro, la relectura de aquellos libros que le acompañaron en prisión y conserva en su biblioteca. Y siempre, analizar y comparar. Sin sitio para el ocio intelectual ni el abatimiento moral. Mientras viva, así será.
 
Bibliografía consultada:
 
La prisión fecunda (Mario Mencia, 1980)
En marcha con Fidel (Antonio Núñez Jiménez, 1982)
Fidel y la Religión (Frei Betto, 1985)
Un encuentro con Fidel (Gianni Miná, 1988),
Un grano de maíz (Tomás Borge, 1992)
Todo el tiempo de los cedros (Katiuska Blanco, 2003)
Cien horas con Fidel (Ignacio Ramonet, 2006)
Viaje a los frutos (Selección de Ana Cairo, 2006).