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La noche grande de Birán

La casa grande levantada sobre pilotes de caguairán. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
La casa grande levantada sobre pilotes de caguairán. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

El batey está desvelado. Víspera del 13 de agosto, el pueblo acostumbra a estar repleto de invitados y la gente no deja de maravillarse. Una señora se acerca para preguntar si es cierto que esta noche presagian “fogonazos en el cielo” y un músico recién llegado se lo confirma, le pide que reserve un deseo.
 
Han visto desfilar cientos de jóvenes, más de quinientos, dicen. Está repleta la finca. Vienen de todas partes de la provincia de Holguín, con mochilas y todo tipo de dispositivos tecnológicos “al hombro”. Han llegado para acampar, unos por primera vez, otros repiten el viaje porque es Birán “un sitio de insoslayables regresos”.

En Birán, la vida se celebra en grande.
 
Cuenta Yanelis, la mayaricera, que este lugar es mágico. “Conozco la casa del Comandante, pero volver aquí siempre me permite conocer un nuevo rinconcito por donde él estuvo, sus esencias. Y eso para nosotros es lo más grande”.
 
Al sendero le nacen casas de campaña, cobijas tendidas por afinidad, banderas clavadas en el barro que dejó el torrencial de la tarde. La cuadrilla más bullanguera toma por asalto el río, una charca que guarda las aventuras y complicidades de los hombres que animaron el combate “por la gente y sus vidas”.
 
Desde “Rolo Monterrey”, tierra roja de níquel e industrias, vino Anier. Hace dos meses terminó “el verde”, ahora está de vacaciones. “Cuando uno ama al líder histórico, quieres saber dónde nació y llegar algún día hasta aquí”, afirma el joven más risueño del campamento.
 
En los alrededores de Sabanilla de Birán, a unos kilómetros de la casa levantada sobre pilotes de caguairán, la vida se celebra en grande.
 
Por la improvisada tribuna, desfilan artistas de aquí y de allá, repentistas y declamadores, cantantes y trovadores. Jorge Gómez da la orden y el Grupo Moncada descuenta de un acorde las horas en calma que el poblado ha acumulado en meses.
 
“Esta es la noche grande de ellos e increíblemente nunca habíamos tocado aquí, sería imperdonable no hacerlo”, comenta el creador de tantas canciones.
 
“Esta fiesta no hay quien se la quite a Birán —dice Élcida convencida—. Es una vez al año y uno disfruta las luces, el jolgorio. ¡Vea que sí!”
 
A las doce, prenden trece fogatas, una al lado de la otra, en círculo, iluminando la noche al mismo tiempo. La brisa de la Sierra de Nipe zarandea el aroma de los cedros, se respira una libertad venerable.
 En Birán, la vida se celebra en grande.
Si la algarabía de los muchachos se apagara de un tajo, saltaría la calma bienhechora del terruño, la misma que el hijo de Lina y don Ángel rompió con su llanto el 13 de agosto de 1926. Noventa y dos años atrás.
 
Pero la emoción no hace silencio entre jóvenes, y menos cuando una estrella escapa fugaz del cielo, y las raíces se hunden en la tierra para entregar a los vientos de esta isla, lo más entrañable, el espíritu. Son las dos en punto de la madrugada y en Birán todos cantan “¡Feliz cumpleaños Fidel!”.

Fuente: 

Cubadebate

Fecha: 

13/08/2018