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Cuba: el valor de una vida
El devastador paso del huracán Gustav por el Caribe y Louisiana fue acompañado por la tradicional pérdida de vidas humanas que siguen a este tipo de fenómenos meteorológicos.
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PL
التاريخ
El devastador paso del huracán Gustav por el Caribe y Louisiana fue acompañado por la tradicional pérdida de vidas humanas que siguen a este tipo de fenómenos meteorológicos.
La macabra cifra superó las 80 muertes en Haití y República Dominicana, segó otras vidas en Jamaica y provocó la muerte a por lo menos ocho personas en territorio norteamericano.
La extraordinaria violencia del meteoro, sin embargo, no causó una sola víctima fatal cubana gracias a las previsiones adoptadas por el sistema de Defensa Civil de la nación antillana y la disciplina social de sus pobladores.
Al azotar a Cuba con fuerza cuatro en la escala Saffir Simpson de cinco causó gigantescos daños al municipio especial de Isla de la Juventud y a la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidental de la Isla, a un nivel sin precedente en esos territorios.
La magnitud de los destrozos que se enfrentan ahora con decisión descollante para eliminarlos por el gobierno, las organizaciones políticas y la propia población representan, evidentemente, un golpe fuerte a los planes de desarrollo en marcha en el país.
Decenas de miles de viviendas destrozadas, sistemas energéticos dañados considerablemente, comunicaciones fuertemente afectadas, centros educacionales destruidos e instalaciones de producción y servicios afectadas conforman el duro panorama.
Si se fueran a evaluar globalmente esos daños materiales podría señalarse que constituyen literalmente la destrucción de un número de proyectos y planes hechos realidad con gran dedicación durante muchos años a partir del triunfo revolucionario de 1959.
Avances logrados a lo largo de ese tiempo mediante esfuerzos de gran consideración con la utilización al máximo de los recursos materiales y humanos disponibles se vinieron abajo en apenas horas por obra y gracia del destructor Gustav.
A esa contingencia impuesta por la Naturaleza se opone no sólo la disposición proclamada y efectiva hasta de los propios afectados para superar lo ocurrido sino la organizada y rápida dirección de las instituciones correspondientes.
El costo de la recuperación será muy alto en términos económicos, pero los cubanos consideran que siempre será mayor la satisfacción de salvar cada una de las vidas preservadas.
La macabra cifra superó las 80 muertes en Haití y República Dominicana, segó otras vidas en Jamaica y provocó la muerte a por lo menos ocho personas en territorio norteamericano.
La extraordinaria violencia del meteoro, sin embargo, no causó una sola víctima fatal cubana gracias a las previsiones adoptadas por el sistema de Defensa Civil de la nación antillana y la disciplina social de sus pobladores.
Al azotar a Cuba con fuerza cuatro en la escala Saffir Simpson de cinco causó gigantescos daños al municipio especial de Isla de la Juventud y a la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidental de la Isla, a un nivel sin precedente en esos territorios.
La magnitud de los destrozos que se enfrentan ahora con decisión descollante para eliminarlos por el gobierno, las organizaciones políticas y la propia población representan, evidentemente, un golpe fuerte a los planes de desarrollo en marcha en el país.
Decenas de miles de viviendas destrozadas, sistemas energéticos dañados considerablemente, comunicaciones fuertemente afectadas, centros educacionales destruidos e instalaciones de producción y servicios afectadas conforman el duro panorama.
Si se fueran a evaluar globalmente esos daños materiales podría señalarse que constituyen literalmente la destrucción de un número de proyectos y planes hechos realidad con gran dedicación durante muchos años a partir del triunfo revolucionario de 1959.
Avances logrados a lo largo de ese tiempo mediante esfuerzos de gran consideración con la utilización al máximo de los recursos materiales y humanos disponibles se vinieron abajo en apenas horas por obra y gracia del destructor Gustav.
A esa contingencia impuesta por la Naturaleza se opone no sólo la disposición proclamada y efectiva hasta de los propios afectados para superar lo ocurrido sino la organizada y rápida dirección de las instituciones correspondientes.
El costo de la recuperación será muy alto en términos económicos, pero los cubanos consideran que siempre será mayor la satisfacción de salvar cada una de las vidas preservadas.