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Posada Carriles: asesino y ¡cara dura!
Aprecie el lector: Luis Posada Carriles, el connotado terrorista protegido de los Estados Unidos, declaró hace pocos días a un periódico de esa nación: “La lucha armada no tiene sentido”.
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Agencia de Información Nacional (AIN)
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Aprecie el lector: Luis Posada Carriles, el connotado terrorista protegido de los Estados Unidos, declaró hace pocos días a un periódico de esa nación: “La lucha armada no tiene sentido”.
Libelo y entrevistado hacen gala de desfachatez, ironía y desvergüenza. Posada destacó en otra parte de su declaración que había dicho "adiós a las armas"... Imagino que el escritor Ernest Hemingway se sientiría incómodo en su tumba si pudiera escuchar el título de uno de sus libros en la boca de semejante descarado.
Prosiga y analice: el susodicho Carriles afirmó al libelo que “apoya una transición política en la Isla”, aunque no descarta una rebelión popular. Es, como me calificara la doctora Clara Rosa, a quien comenté las declaraciones del sujeto de marras: “¿ahora el HP ama la paz?... de los sepulcros únicamente”.
Absuelto de 11 cargos de perjurio por un tribunal federal de El Paso, Texas, en juicio devenido pieza teatral, este deleznable personaje al llegar a su lobezna guarida de Miami, arguye que “los tiempos han cambiado, como todo”.
Años atrás, en una entrevista televisiva abogaba: “la única opción que tenemos los cubanos (¿cuáles?) es la de combatir al régimen (…)”.
Pero es lógico que el asesino se proyecte así: si lo absolvieron de mentir a funcionarios federales y de inmigración sobre su papel en la serie de atentados con bombas en sitios turísticos de Cuba en 1997 -fueron presentadas innumerables pruebas- las declaraciones ahora aparecidas en la gacetilla miamense se suman a su larga folia de difamaciones y falacias.
Sin embargo, apenas salió la publicación, sin perder un minuto, se puso a desmentir todo, como si alguien se hubiera creído su “ amantísima bondad”.
Amén de cínico, después de viejo es alardoso: “mis abogados fueron mejores que los de ellos”, dijo al referirse a los fiscales del Departamento de Justicia. Desde luego, lo de El Paso puede agregarse a la extensa lista de puestas en escena en los mejores teatros de Brodway.
Con total desfachatez el terrorista narró que pasó sus días en la ciudad tejana “pintando” (…) “lo hago para relajarme y evitar el aburrimiento” (…) y remató: “En El Paso me sentí casi como en casa”.
Para nada se tuvieron en cuenta la voladura del avión de Cubana de Aviación y las 73 víctimas inocentes _de ellas 57 eran cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos_.
que perecieron en el diabólico atentado dinamitero; ni las acciones contra hoteles en La Habana y, mucho menos, el magnicidio que concebía en el paraninfo de la universidad de Panamá para asesinar al Presidente Fidel Castro y a cientos de personalidades y alumnos que allí se congregaron.
Ahora que por estos días celebramos con la debida honra hacia nuestros mártires el medio siglo de la primera gran derrota militar de Estados Unidos en América Latina, no es ocioso recordar que Posada perteneció a la vencida Brigada 2506, pero… ¡oh, casualidad! el señor testaferro no participó en el desembarco.
Hace algún tiempo escribí, y reitero: Si el Guinnes de récord tuviera espacio dedicado a malhechores y asesinos, Posada Carriles, de seguro, ocuparía sitial sobresaliente en la nómina.
El abogado José Pertierra, quien representa al gobierno venezolano en su pedido de extradición del asesino, ha puesto en manos de las autoridades de los Estados Unidos el cargado expediente, repleto de pruebas, acerca del siniestro personaje.
No es casualidad, su absolución busca silenciar la virulenta lengua de Posada Carriles, quien sabe de muchas cosas vedadas para la opinión pública. Además de las salpicaduras de no pocos billetes verdes dejados en el camino Miami-El Paso-Miami. A no dudar.
Libelo y entrevistado hacen gala de desfachatez, ironía y desvergüenza. Posada destacó en otra parte de su declaración que había dicho "adiós a las armas"... Imagino que el escritor Ernest Hemingway se sientiría incómodo en su tumba si pudiera escuchar el título de uno de sus libros en la boca de semejante descarado.
Prosiga y analice: el susodicho Carriles afirmó al libelo que “apoya una transición política en la Isla”, aunque no descarta una rebelión popular. Es, como me calificara la doctora Clara Rosa, a quien comenté las declaraciones del sujeto de marras: “¿ahora el HP ama la paz?... de los sepulcros únicamente”.
Absuelto de 11 cargos de perjurio por un tribunal federal de El Paso, Texas, en juicio devenido pieza teatral, este deleznable personaje al llegar a su lobezna guarida de Miami, arguye que “los tiempos han cambiado, como todo”.
Años atrás, en una entrevista televisiva abogaba: “la única opción que tenemos los cubanos (¿cuáles?) es la de combatir al régimen (…)”.
Pero es lógico que el asesino se proyecte así: si lo absolvieron de mentir a funcionarios federales y de inmigración sobre su papel en la serie de atentados con bombas en sitios turísticos de Cuba en 1997 -fueron presentadas innumerables pruebas- las declaraciones ahora aparecidas en la gacetilla miamense se suman a su larga folia de difamaciones y falacias.
Sin embargo, apenas salió la publicación, sin perder un minuto, se puso a desmentir todo, como si alguien se hubiera creído su “ amantísima bondad”.
Amén de cínico, después de viejo es alardoso: “mis abogados fueron mejores que los de ellos”, dijo al referirse a los fiscales del Departamento de Justicia. Desde luego, lo de El Paso puede agregarse a la extensa lista de puestas en escena en los mejores teatros de Brodway.
Con total desfachatez el terrorista narró que pasó sus días en la ciudad tejana “pintando” (…) “lo hago para relajarme y evitar el aburrimiento” (…) y remató: “En El Paso me sentí casi como en casa”.
Para nada se tuvieron en cuenta la voladura del avión de Cubana de Aviación y las 73 víctimas inocentes _de ellas 57 eran cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos_.
que perecieron en el diabólico atentado dinamitero; ni las acciones contra hoteles en La Habana y, mucho menos, el magnicidio que concebía en el paraninfo de la universidad de Panamá para asesinar al Presidente Fidel Castro y a cientos de personalidades y alumnos que allí se congregaron.
Ahora que por estos días celebramos con la debida honra hacia nuestros mártires el medio siglo de la primera gran derrota militar de Estados Unidos en América Latina, no es ocioso recordar que Posada perteneció a la vencida Brigada 2506, pero… ¡oh, casualidad! el señor testaferro no participó en el desembarco.
Hace algún tiempo escribí, y reitero: Si el Guinnes de récord tuviera espacio dedicado a malhechores y asesinos, Posada Carriles, de seguro, ocuparía sitial sobresaliente en la nómina.
El abogado José Pertierra, quien representa al gobierno venezolano en su pedido de extradición del asesino, ha puesto en manos de las autoridades de los Estados Unidos el cargado expediente, repleto de pruebas, acerca del siniestro personaje.
No es casualidad, su absolución busca silenciar la virulenta lengua de Posada Carriles, quien sabe de muchas cosas vedadas para la opinión pública. Además de las salpicaduras de no pocos billetes verdes dejados en el camino Miami-El Paso-Miami. A no dudar.
