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Después del golpe militar del 10 de marzo de 1952, se presentó ante los revolucionarios cubanos un escenario sombrío y complejo, el cual interpretó cabalmente el abogado Fidel Castro Ruz, quien tuvo la genialidad de elaborar una estrategia revolucionaria en la que estaban presentes las experiencias de las tradiciones de lucha del pueblo cubano.
Un pensador aseguró una vez que entre las condiciones para establecer una sólida amistad había que tener “grandes contrastes de carácter y grandes armonías de corazón”. Pensaba él, quizás, en la amistad como complemento y entonces no le faltaría razón.
Pero la amistad es un sentimiento superior donde se mezclan, en extraña amalgama, amor, comprensión, lealtad, solidaridad, sinceridad, compromiso… Si es sólida y recíproca, sobrevive al paso del tiempo y las coyunturas. No es exclusiva de las personas, también florece entre los pueblos.
Yo fui «escolta» de Fidel. Quizá no me lo crean, pero para mí fue y será siempre así. Ocurrió cuando estudiaba en la secundaria en el campo Comandante Camilo Cienfuegos, más conocida por Ceiba 3, en el municipio habanero de Caimito. Fue allá por la década de los 70.
Dos años es tiempo razonable para evaluarnos. Cada uno indistintamente y todos de manera colectiva. Saber cuánto y cómo hemos cumplido con el compromiso firmado por los cubanos para hacer realidad el Concepto de Revolución, legado de Fidel y patrimonio inseparable para nuestro presente y futuro.
«Hay dos técnicas en el baloncesto que yo defendí mucho. Una de ellas es el gardeo a presión, hombre a hombre. Yo tenía cierta especialidad en ese gardeo a presión, que es incluso sicológico, porque el hombre se siente desesperado y la responsabilidad está muy definida. En el gardeo por zona no está tan claro. En el ataque era partidario de penetrar en el tablero, jugar a la ofensiva, procurando no cometer foul a la ofensiva y obligando al contrario a cometer el foul.
«Revolución (…), es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».
Fidel Castro
Cuentan que lo justo le fluía en la sangre. Y que de niño aborrecía todo aquello que acentuaba las diferencias, las profundas diferencias de una época que, antes de la Revolución, ponía a los hombres en bandos: el de los ricos y el de los pobres, y ello, en casi todos los casos y en flagrante injusticia, daba sentido o no a la vida.
1.
Desde la misma toma del poder en enero de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro tenía plena conciencia de que las transformaciones que debían emprenderse en el país transitaban no solo por impostergables cambios en la realidad económica y social, sino también en la manera de aprehender y entender las claves de esos cambios en las mentes de las mujeres y los hombres.
Dos líderes y revolucionarios excepcionales que pusieron luces en el corazón de América e iluminaron también el mundo, como Fidel Castro y Hugo Chávez, vivieron experiencias únicas en defensa de sus ideales y cultivaron una amistad entrañable, de afectos y sincero cariño.
Historias recopiladas en el libro Cuentos del Arañero, de los periodistas cubanos Orlando Oramas y Jorge Legañoa, publicado en 2012, hablan del vínculo de padre e hijo entre estos dos hombres de talla universal.
Sabemos que fue un deseo expresado por nuestro querido Fidel que su imagen y su nombre no se utilizaran para engalanar plazas, parques, calles… Esa decisión del líder de la Revolución se debe a su extraordinaria modestia y su rechazo a toda manifestación de culto. Sencilla fue la ceremonia, tras las multitudinarias demostraciones de duelo popular, y sencilla, con la sencillez de la grandeza, es la piedra que atesora sus restos mortales.
El doctor Fidel Castro Ruz, con bufete abierto en la calle Tejadillo 57, resolvió antes del Moncada un problema a favor de deudores pobres cuando representaba, como abogado, a una rica empresa acreedora.
Desde mi primera infancia, cuando tuve uso de razón, siempre lo sentí como un gigante. Ya de adulto, lo admiré por su profunda convicción y firmeza revolucionarias, por su indoblegable antimperialismo, por su resuelta lucha en Cuba y en el mundo contra cualquier vestigio de discriminación e injusticia, por pequeña que fuera, y también por su prédica martiana y el ejemplo personal que legó de nunca dejarse arrastrar por la vanidad, o por la ambición de ningún cargo u honor, porque como dijo nuestro Apóstol José Martí, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz».
«Soy hoy 7 de marzo por todas las razones del mundo el revolucionario más feliz». Así escribió el Comandante Fidel Castro Ruz en el Palacio Central de Computación de La Habana en el 2006, 15 años después de la inauguración de este centro, ubicado en el municipio de Centro Habana.
Para la fecha de su creación en 1991, el Comandante ya había tenido la visión de crear un centro capaz de promover el intercambio entre toda la población con las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (TIC).