Al concluir sus palabras en el Ayuntamiento de Santiago de Cuba, el mismo día primero de enero de 1959, el comandante Fidel Castro Ruz impartió instrucciones para organizar la Caravana de la Victoria y partir rumbo a Bayamo, donde se encontraban más de cinco mil hombres bien armados, con artillería y blindados, así como una logística nada despreciable que incluía el apoyo de la aviación.