Este año se conmemora el 65 aniversario de la entrega al Ministerio de Educación de muchos cuarteles para convertirlos en escuelas. Uno de ellos fue la fortaleza de la ciudad de Holguín, donde el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz —entonces primer ministro del Gobierno Revolucionario— en su discurso explicó la significación de aquellos aconte- cimientos y la necesidad para la Revolución de que el pueblo estudiara.  
Desde la Sierra o desde el llano, tanto Fidel como Celia sabían que estaban inmersos en una labor política constante de sumar almas generosas y honradas a la lucha por la libertad de Cuba. El aporte logístico sería una de la primeras y principales acciones de colaboración que aquellas personas tenía con el propósito de contribuir con la patria: dinero para armas y abastecimientos, propaganda, medici- nas, uniformes, fotografías...  
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Con estas palabras Fidel Castro cali­có certeramente al joven santiaguero que dedicó por entero todas sus energías y pasión, incluso ofrendó su preciada vida al triunfo de la Revolución. La existencia de Frank Isaac País García, aunque breve, constituye un digno paradigma para la juventud cubana de todos los tiempos; si la estrella que simboliza a la Unión de Jóvenes comunistas llevara otra ­gura, por derecho propio debía estar allí junto a Mella, Camilo y el Che.
Nos separan 56 años del último combate del Che en el terreno militar, librado en la Quebrada del Yuro, en tierra boliviana. El desenlace conocido lo transformó de inmediato en precursor contemporáneo de las luchas por la segunda y verdadera independencia de la América Nuestra.   Así, en contraste con lo previsto por sus asesinos, su figura emergió como símbolo imposible de silenciar, entre otras razones esenciales, por el valor intemporal de sus aportes en el terreno de las ideas políticas y la ética revolucionaria.  
Para que fuera más fuerte la obra por nuestra independencia, la mujer alistó su corazón y la gesta guerrillera en el lomerío oriental las acogió. Un grupo de muchachas en distintos momentos del año 1958, escaló la cordillera para unirse a la tropa de Fidel. En la or de la vida iban en busca de los sueños que la patria necesitaba conquistar; reforzar la valía de las cubanas, que durante la historia de la nación no cejaron nunca en el empeño por lograr su emancipación.  
Mi abuela no era militante del Partido Comunista, tampoco combatiente de la clandestinidad, ni siquiera miembro destacada de los Comités de Defensa de la Revolución o de la Federación de Mujeres Cubanas, pero sí una guajira pinareña muy agradecida de Fidel.   No hablaba casi nunca de política porque era analfabeta y decía que si uno no sabía algo, lo mejor era callarse, no opinar. Pero a quien osara demeritar los logros fidelistas en Cuba, ella le cantaba "las cuarenta".  
Nadie agradecería más que yo una biografía de Ramón Emilio Mejías del Castillo, no importa cuán modesta sea. Vale la pena que hombres como él, Jiménez Moya, y otros heroicos combatientes, sean conocidos por dominicanos y cubanos.1    
«¡Agita’o, prepárate!, tienes que realizar una nueva tarea junto a Celia. Será una misión más compleja y difícil que la del periodista norteamericano», le dijo Frank País a Felipe Guerra Matos, cuando este arri- bó a la finca de Epifanio Díaz para recoger una par- te del grupo de los dirigentes del llano que habían participado en la primera reunión con Fidel y Raúl en la Sierra Maestra.    
En ocasión del cumpleaños noventa y cuatro del Comandante de la Revolución Guillermo García Frías, el próximo 10 de febrero, compartimos con los lectores un fragmento de una extensa entrevista que el campesino de la Sierra Maestra, devenido jefe guerrillero y símbolo de la rebeldía y la resistencia, concediera recientemente al periodista Wilmer Rodríguez Fernández.    
La entrevista que el 17 de febrero de 1957 le hiciera en plena Sierra Maestra el periodista del New York Times, Herbert Matthews, confirmó al mundo que Fidel estaba vivo y luchando con sus hombres. Sesenta y cinco años después, reproducimos la conversación que fue publicada el 24 de febrero de 1957, como serie de trabajos sobre la situación de Cuba, y que conserva un valor periodístico e histórico excepcionales. El sitio Fidel soldado de las ideas así la guarda:     «Rebelde cubano es visitado en su escondite»