Fidel Castro siempre fue un ejemplo permanente de pedagogía emancipadora. Su legado adquiere hoy, en una América Latina asediada por una contraofensiva imperial de rasgos fascistoides, un valor extraordinario y de carácter estratégico. No desanimarse, hacer una lectura lo más profunda posible del porqué de la situación actual y no dejar de luchar, son tres de sus grandes enseñanzas para encarar con éxito la reorganización y nueva ofensiva de las fuerzas emancipadoras.
 

Hace 86 años, un 13 de agosto de 1926, en la finca Birán, de la actual provincia cubana de Holguín, ni su padre, de origen español, ni su madre, cubana de nacimiento, imaginaron que la tierra de los mambises estaba alumbrando al personaje más lúcido, visionario y humanista que la historia mundial había conocido hasta ahora.