«(…) Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución», afirmaba Fidel Castro con voz febril en el Parque Céspedes la madrugada del 2 de enero de 1959, cuando el pueblo, juntado en balcones, árboles, cúpulas, celebraba junto a su líder el triunfo definitivo de la libertad.

Perdidos por los mares cercanos a Cuba, los tripulantes del yate Granma no pudieron escuchar los disparos que estremecieron a esta ciudad el 30 de noviembre de 1956.