La República ya había celebrado su aniversario 50. En la moderna y reluciente Habana se levantan grandes hoteles-casinos de lujo, manejados por la mafia. Los ricos estrenan el último modelo de Buick, frecuentan las tiendas El Encanto y Fin de siglo. Un público heterogéneo acude a los cines Payret, Dúplex y Radio Centro.