El hecho de ser escritores de un pueblo en Revolución nos obligaba a otro quehacer que el de escribir libros, nos obligaba a responder físicamente en la odisea de la Revolución Cubana (nosotros que somos los más impulsivos, los más avanzados, los más rebeldes) con la misma fuerza, seguridad y entrega con que acometemos una página en blanco. Ahora poseeríamos las riendas que venimos a reclamar y las poseeríamos con un merecimiento inmediato, y conoceríamos a fondo nuestra labor a realizar en el desenvolvimiento de la cultura del pueblo, no ignoramos nuestro trabajo a realizar de "hombres artistas" ya que el pueblo mismo nos emplearía en provecho suyo eso que sería nuestro propio provecho en tanto que nos hubiésemos hechos necesarios. Por lo demás, de esa comunión habría salido al menos un gran libro, y muchos libros, sobre nuestra tercera gran guerra de independencia que culmina en una libertad sustancial a todos, innovadora de la maloliente democracia americana, libros y libros que el pueblo amaría y aclamaría con el orgullo con que ama y aclama hoy su Revolución, que tan arraigadas taras nos extirpa.