La Revolución Cubana está cerrando un ciclo trascendental de su historia y abre paréntesis hacia otro más largo, complejo y decisivo.
La frontera entre uno y otro espacio fue marcada por la clausura del VI Congreso del Partido Comunista el 19 de abril de 2011, que por mandato constitucional constituye la fuerza dirigente fundamental de la sociedad y el Estado.
Para Fidel Castro el pueblo nunca fue el culpable de los problemas, sino la solución de todos los que padecía Cuba, y de paso la humanidad entera. Fue esa fe tremenda e imperturbable la que hizo de él un líder nacional y mundial, y triunfadora a la Revolución que encabezó.
Armando Hart, integrante de la generación martiana que le secundó, al exaltar esa extraña sensibilidad, subrayaba la idea de que José Martí había enseñado a los cubanos a unirse, mientras el joven abogado venido del Birán oriental los había enseñado a triunfar.