Hoy, 29 años después, puede la Revolución mostrar con legítimo orgullo el cumplimiento del programa del Moncada, en lo que a nuestro caso se refiere, en el terreno educacional. Liquidado el analfabetismo en sólo un año, en 1961, éste fue sólo el inicio de una permanente batalla por la elevación del nivel cultural del pueblo, ejemplos de lo cual lo constituyen, entre otros, los índices de matrícula, retención y promoción en todos los niveles del Sistema Nacional de Educación, el empeño de nuestra clase obrera por obtener el noveno grado, y la extensión de la Educación Superior a prácticamente todas las provincias del país. Toda esta realidad, la presente y la futura, es el mejor homenaje a aquellos valerosos jóvenes de la Generación del Centenario de José Martí, que con su heroísmo y su sangre abrieron el camino para que nuestro pueblo alcanzara su definitiva y verdadera independencia nacional, y labrara —con su trabajo y con su esfuerzo— un destino de felicidad y de victoria.