Hora es ya que los ojos de Fidel
sean tus ojos, mis ojos, los de este y los de aquel.
Hora es ya que el oído de Fidel
sea tu oído, mi oído, el de este y el de aquel.
Hora es ya que la palabra de Fidel
sea tu palabra, mi palabra, la de este y la de aquel.
Así nadie tendría que expresar
incomprendido en su pesar:
¡Ay, si Fidel lo viera!
¡Ay, si Fidel lo oyera!
¡Ay, si Fidel lo palpara!
¡Qué dolor sentiría!
¡Como resolvería con una idea clara!