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Cuando lo aplauden, no sabe
dónde meterse: se rasca
la cabeza y mira
para otro lado y los otros se convierten
en el espectáculo, en el motivo
de la admiración. Así
derrota la caricia del dominio, la
solemnidad asesina.
Es tímido Fidel; humilde pero
sabe distingir -lo ha dicho- entre
la verdad y la mentira,
entre las actitudes y las consignas.
Es un adelantado, el hombre
que viene
hasta la victoria siempre.
Cuando lo aplauden, no sabe
dónde meterse: se rasca
la cabeza y mira
para otro lado y los otros se convierten
en el espectáculo, en el motivo
de la admiración. Así
derrota la caricia del dominio, la
solemnidad asesina.
Es tímido Fidel; humilde pero
sabe distingir -lo ha dicho- entre
la verdad y la mentira,
entre las actitudes y las consignas.
Es un adelantado, el hombre
que viene
hasta la victoria siempre.