Alguna vez afirmó Fidel Castro que su mérito mayor es haber sobrevivido. Ahora que lo escribo, no sé si pensaba en él o en la revolución que forjó y dirigió por más de cincuenta años. Las dos supervivencias fueron igualmente muy difíciles y meritorias. Podría decirse que excepcionales.
Los líderes latinoamericanos que habían osado desafiar el poderío del gran capital de los Estados Unidos, habían tenido que huir de sus propios países o habían sido muertos o asesinados como retribución por la osadía. Tampoco habían perdurado los cambios sociales que llevaron a cabo.