Mi relación con Fidel Castro y mi interés por su Revolución ha sido larga y significativa. En la década de los años 60, como diplomática colombiana ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pude apreciar la dimensión de su figura en el ámbito internacional y el poder de sus palabras.
Sus contundentes discursos, acusaciones y denuncias contra Estados Unidos y sus críticas del mundo, hacen historia. Luego, desde 1977, durante cinco años al frente de la embajada de Colombia, y de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana, conozco por dentro la Revolución.