La memoria es una estrella fugaz para él. Aparecen y desaparecen a ratos episodios de su vida, nombres, hechos ocurridos solo minutos atrás. Recordar es un privilegio que lo abandonó hace ya varios años. En los días de la muerte de Fidel la intermitente ventaja de evocar se tornó un continuo y doloroso martirio.
 

Fidel, el que le regaló dignidad a un archipiélago bañado por el mar Caribe, inició el 25 de noviembre de 2016 su camino más largo, la epopeya más gloriosa rumbo a la eternidad.
 
El 25 de noviembre de 2016 amaneció diferente y muchos aún no sabían el por qué esa jornada marcaría para siempre los destinos de todos. Ocho años después de la muerte de Fidel Castro, la gente siente su ausencia física como si fuera ayer cuando cerró los ojos, porque los cubanos precisarán siempre de su ejemplo para continuar todas las luchas.