Comenzaba la década del 60 del siglo XX, Cuba estaba en plena efervescencia de la Revolución triunfante en 1959, las fuerzas populares por fin eran dueñas de su destino, y la oligarquía pro yanqui ya no tenía poder, pero quería recuperarlo con la ayuda del Tío Sam.
Para lograr su objetivo hicieron de todo: desde suprimir la cuota azucarera y prohibir la entrada de petróleo al país, hasta armar y equipar una fuerza paramilitar de exiliados cubanos sin escrúpulos, con la clara misión de invadir la Isla.