Así emerge el ser humano desde su naturaleza básica y avanzando por el camino de su evolución. Aún sin saberlo, cambia todo lo que debe ser cambiado. Porque el camino de convertir su potencialidad en su realidad, su raíz en su realización plena, es el camino de su autotransformación. No cambiar es perecer. No cambiar es quedar en el camino sin realizar su esencia primaria. El ser humano es, en su origen mismo, un (r)evolucionario biológico, genético. Y desde aquí, su destino quedará inexorablemente ligado al cambio. No se detendrá nunca. Y si se detiene, se niega, se autodestruye.