Quien visite la calle Corralón, en la localidad camagüeyana de Minas, no sospecharía que Amparo Sánchez Guerrero, con sus 89 años de edad, allí sentada en su máquina de coser, atesora en su corazón testimonios de lo que vivió y sintió por Fidel Castro, a quien cataloga como estratega y constructor del país que es hoy Cuba.
Desde que supo de su existencia, sintió que corría por sus venas el patriotismo y la admiración por un hombre que sembró la semilla de futuro para el sector más humilde en la Isla.