Un destacado combatiente del Directorio Revolucionario (DR) me dijo una vez, en medio de una conversación, como quien salda cuentas íntimas con el pasado: «Dios no nos quiso». La sentencia aludía a los numerosos avatares, obstáculos y contratiempos que debió enfrentar la organización en su devenir. Uno de esos golpes demoledores, «como del odio de Dios», fue el sufrido el 13 de marzo de 1957. ¿Cómo superó el revés? ¿Cómo fue capaz de recuperarse del terrible mazazo?
Tres rebeldes son apresados por el ejército de la dictadura batistiana, en medio de la noche y de un terreno cenagoso, en los momentos posteriores al desembarco del Granma y la derrota temporal de Alegría de Pío. La fatiga de sus rostros, y las ropas raídas, denotan la acumulación de varias jornadas errantes. Más de una vez inquieren sus captores: ¿Dónde está Fidel?, en busca de alguna información que les permita dar con el paradero del líder revolucionario.
Uno de los aportes prácticos más significativos de la Revolución Cubana a la teoría marxista es la importancia de la determinación personal para la creación de las llamadas condiciones subjetivas en una situación revolucionaria, y de la función pedagógica que para la movilización del pueblo tienen los hechos consumados, las promesas cumplidas, los ejemplos heroicos individuales y colectivos. Para cualquier empeño insurreccional una derrota militar como la sufrida en los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo podía haber significado un golpe terminal e irreversible.