Los carteles invaden la noche
La ciudad amaneció este jueves invadida por carteles de bienvenida a Fidel. Miles y miles de afiches, mantas y volantes muestran al Comandante en Jefe dándole un abrazo a un niño que amorosamente recuesta su cabecita en el pecho verdeolivo.
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Juventud Rebelde
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La ciudad amaneció este jueves invadida por carteles de bienvenida a Fidel. Miles y miles de afiches, mantas y volantes muestran al Comandante en Jefe dándole un abrazo a un niño que amorosamente recuesta su cabecita en el pecho verdeolivo.

"Al menos un par de rostros humanos para la ciudad", comenta Alfonso Martínez, hacedor de los "mejores tacos de Insurgentes", y mira con rabia la enorme pantalla que se levanta por encima de la glorieta de la céntrica avenida y que muestra a un Santa Claus prometiendo felicidad eterna con una Coca Cola en ristre.

Le hago la pregunta de qué le ha parecido la invasión, sólo para ver la reacción del muchacho que se aposta desde muy temprano en las proximidades del hotel que aloja a la prensa cubana. En la madrugada compartimos con los jóvenes -algunos no tanto- que cubo de engrudo y brocha en mano no dejaron poste, ni base de semáforo, ni muro, ni luminaria, libre del abrazo de Fidel. La operación duró no más de tres horas y doy fe de que, sólo en los ocho kilómetros que median entre Chilpancingo a San Cosme, se pegaron no menos de 3 000 carteles.

Los seis muchachos que operaron en este trayecto, representantes de las más de 50 organizaciones que están expresando solidaridad con la Isla, se dividieron en grupos de a tres: uno cargaba el saco con los afiches, otro el engrudo y un tercero colocaba a ritmo de ciclón.

"Somos una brigada de respuesta rápida", apuntaba Neil con una sonrisa cómplice, como para que yo me dé perfecta cuenta de que está enterado de las que tenemos en Cuba. Mauricio Gutiérrez, estudiante de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y que estuvo en la Isla para el Congreso de la Organización Caribeña y Latinoamericana de Estudiantes, me revela el secreto del engrudo, de cuya eficacia no hay nada que temer: "Pega bien, bien." Está hecho de agua con harina y sosa cáustica. "Es un procedimiento químico que nos ahorra mucho tiempo...

Lo hicimos en dos minutos", y ríe pegando un brochazo en el tubo que sostiene el alumbrado público: "Yo te digo, cubanita, que si le echamos chocolate y azúcar, ya está listo para el atole.".

La muchacha de ojos intensamente negros y rasgos aindiados que acomoda el papel encima de aquel mejunje, sigue en el juego: "¿Pero a quién se lo damos?" "Tal vez a Zedillo", dice una señora que anima a la tropa y trae una jaba llena de banderitas cubanas, y ahora la carcajada es general. En un abrir y cerrar de ojos, ya está lista toda una cuadra. ¿Por qué este trabajo en una noche tan fría? "Vaya pregunta. Por quién si no. Por Fidel. Sólo por Fidel... México quiere ser México para recibirlo. Ya verá, ya verá...", y los tres muchachos, duendes atareados y felices, siguen calle arriba empapelando la ciudad dormida, extrañamente cálida, a pesar de los siete grados que indica un termómetro en la fachada del hotel más lujoso de los alrededores.

EL EMPRESARIO PRESIDENTE

Nacido el 2 de julio de 1942, Vicente Fox Quesada habla en el lenguaje de la calle, aun cuando sus orígenes sociales nada tienen que ver con la cotidianidad de dos de cada tres mexicanos que viven en la pobreza y la pobreza extrema. Estudió Administración de Empresas y, más tarde, obtuvo un diploma en la Universidad de Harvard. A partir de entonces, comenzó una imparable carrera en la Coca Cola, donde pasaría desde un puesto de supervisor de distrito hasta la presidencia de la filial mexicana de la multinacional.

Desde Coca Cola, Fox emprendió una carrera en solitario para armar su propio negocio, y en 1988 ingresa en el Partido de Acción Nacional (PAN). A la cultura panista tradicional -de tradición católica y conservadora-, añade una visión empresarial de la política. Su poder de seducción se basa en su discurso y en un programa sustentado por un cúmulo de arriesgadas promesas. Según la edición de este jueves de El Universal, Fox ha prometido "vocho, changarro y tele" (carros pequeños al estilo del VW, pequeños negocios y mejor televisión), pero también impulsar el crecimiento económico y aliviar los índices de pobreza y criminalidad.

"Espero que nunca me falten los pantalones para combatir la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado, pues para eso me contrataron", dijo ayer a la prensa el hombre que a partir de hoy gobernará a cien millones de mexicanos y que se define como una persona incorruptible, dura y preparada para enfrentar el reto de un país con grandes desigualdades.