Entonces no se hablaba todavía del hombre nuevo. Porque, se me ocurre, si las cosas, para existir necesitan ser nombradas, los conceptos, en Gambia, aun los más abstractos, deben de tener sus falces en la realidad.
Son abrumadores los argumentos que prueban que esta nueva campaña contra Cuba está levantada sobre una enorme manipulación. Son aún mayores las evidencias públicas de que Estados Unidos quiere controlar con mano férrea esta vía de navegación y convertirla en un ámbito exclusivo para la vigilancia y el control ideológico y económico del mundo.
Han pasado 40 años; sin embargo, a Tomás Aquino Abreu Águila le parece que fue ayer, porque hay sucesos que perduran para siempre en nuestra vida, como aquel del 6 de febrero de 1966, cuando el estelar serpentinero tuvo el honor de lanzarle al Comandante en Jefe Fidel Castro, en la segunda visita del líder de la Revolución al estadio de béisbol Sandino, en Santa Clara, capital de Villa Clara, Cuba.
Fidel cumplió 80 años, ¡¿quién lo hubiera dicho?! Me asombra, no su capacidad física e intelectual, si no la posibilidad de haber sobrevivido ante los continuos ataques directos e indirectos de parte de los Estados Unidos.
El pasado sábado la Plaza de la Revolución fue escenario del desfile militar preparado en conmemoración de los cincuenta años del desembarco del Granma. El desfile fue el acto final de una serie de actividades artísticas y culturales que tuvieron lugar en días anteriores bajo el auspicio de la Fundación Guayasamín para celebrar el octogésimo aniversario del nacimiento de Fidel.
Desde que en mayo de este año, al presentarse la primera edición cubana de Cien horas con Fidel, el Comandante en Jefe  se comprometió en el Palacio de las Convenciones, a revisar y aportar precisiones y nuevos detalles al libro-entrevista nacido de su extensa conversación con el periodista y ensayista hispanofrancés Ignacio Ramonet, el líder de la Revolución cubana ha ocupado gran parte de su tiempo, aún en medio de la rehabilitación del percance de salud sufrido, a esa tarea.
El dos de diciembre, Cuba entera, igual que todos los seres humanos en nuestro planeta que no creen en las recetas “milagrosas” del neoliberalismo globalizado, esperábamos con ansiedad la aparición de Fidel Castro Ruz en el desfile militar en honor del 50 aniversario del desembarco del yate Granma que cambió la historia del país y abrió el camino hacia el futuro para América Latina. Los presentes en la Plaza de la Revolución creíamos que en cualquier momento aparecería el barbudo comandante que ha guiado a Cuba durante estos difíciles cincuenta años, contra viento y marea y para preservar su...
Cuba ha sido, sin duda alguna, el detonante de esta magna movilización que puede cambiar el rumbo del mundo. Las personas, hasta ahora relegadas, levantan su voz, dicen basta.
Entre 1953 y 1958, Fidel encabezó un movimiento de rebeldía dirigido contra todo el sistema de dominación que existía en Cuba, aunque su fin inmediato era derrocar a la dictadura. El pensamiento expresado en La historia me absolverá y los ideales y la estrategia del Movimiento 26 de Julio fueron la opción de liberación para la sociedad cubana en esos años.
La cultura constituye la especificidad del ser humano. No hay ni un hombre, ni una mujer sin cultura. Todo proceso revolucionario auténtico tiene que reconocerlo contra el elitismo de los sistemas sociales que imponen la cultura de algunos al conjunto de la sociedad. También se debe recordar que las numerosas expresiones que nacen de las culturas son fruto de una realidad inscrita en la humanidad misma.
Eran los días del máximo entusiasmo, de exaltación que llenaba el alma, la cotidiana vida de cada ciudadano y por tanto de todos, entonces masiva exaltación. Pero Fidel no perdía en su brújula el norte necesario. Quería que ya supiésemos qué era un Banco, porque si no se sabía qué era un Banco, no se podía dirigir un país.
No estuvo y sí estuvo. Siempre estará. Fidel, en su cumpleaños 80, agasajado por la Fundación Guayasamín y arropado por más de 1 500 personas, entre intelectuales, dirigentes políticos, activistas sociales y gente de bien de 80 países, recibió el privilegio enormemente ganado de ser motivo de análisis y reflexión. No fue la exégesis de la obra de un hombre, sino el espejeante fulgor de la hazaña de un  pueblo que se comunica a plenitud con otros muchos pueblos del mundo.