Fidel, la estrella más roja del mapa latinoamericano y caribeño, esa enorme figura que supo hacer de la Revolución una posibilidad no lejana y a la vez logró transmitir esperanzas para que otros y otras en cualquier rincón del mundo pudieran alzarse contra las injusticias. Ese gigantesco corazón sensible en el que han cabido todas las tristezas de los más necesitados y también las alegrías por las pequeñas y grandes victorias conquistadas.

"Estaba dispuesto a morir si fuera necesario, pero nunca dejaría de hablar ante semejante convocatoria", nos confesaba después, refiriéndose a las horas previas en que todo parecía que iba a frustrarse. Dando cuenta, sin decirlo, que sólo él y nada más que él era el responsable de la decisión de reunirse con la muchedumbre. No podía fallarles a quienes tantos frustran diariamente.