Los cubanos durante toda la historia nos hemos enfrentado a enemigos inmensamente poderosos en medios y recursos materiales y financieros, cuyos ejércitos representaron en su momento las maquinarias de guerra más temibles y destructoras en el campo de batalla. Solo el patriotismo, la inteligencia y la perseverancia de los revolucionarios de la mayor de las Antillas, pudieron enfrentar con éxito el tremendo poder de los ejércitos opresores.

Cuando el 3 de enero de 1961 el gobierno de Estados Unidos, presidido por Dwight D. Eisenhower, rompió  relaciones diplomáticas con Cuba, lo hizo convencido de propinar el tiro de gracia a la Revolución. Por entonces, un hecho de tal naturaleza resultaba desastroso para cualquier país. Sin embargo, su unilateral decisión devino incentivo al patriotismo y la firmeza del pueblo cubano.