"El Gobierno Revolucionario existe por su absoluta identificación con el pueblo, y el Gobierno Revolucionario existirá mientras sea expresión de la voluntad legítima del pueblo".
"Seremos inconmoviblemente fieles a nuestros principios y deberes revolucionarios y esa será la herencia espiritual más valiosa que legaremos a las futuras generaciones de nuestra patria".
“El pueblo tiene que estar muy consciente de que el camino es difícil, que el camino es largo, que el camino es fatigoso, que tenemos que sudar mucho la camisa luchando. Y que no solamente hay que tener esa idea presente, sino que hay que estar siempre alerta y no dejar que el entusiasmo muera. Porque esta obra grande que se ha impuesto el pueblo de Cuba no es obra de pueblos mezquinos, sino de pueblos grandes como el nuestro”.
"¡Tareas tenemos tantas por delante, trabajo y lucha tenemos tanto por delante, que son suficientes para agotar no una, sino dos generaciones de revolucionarios!"
"Tenemos que revolucionar nuestros hábitos, tenemos que ser permanentemente revolucionarios y tenemos que ser revolucionarios dentro de la Revolución; tenemos que superarnos en todo constantemente."
"Si me preguntaran cómo queremos que sean siempre nuestros científicos, diríamos: Queremos que sean consagrados y que sean modestos. Cuando la autosuficiencia, la arrogancia, la sobrevaloración se empieza a apoderar de algún científico, deja de ser modelo de científico y modelo de revolucionario".
“(…) la voluntad del revolucionario es lo que lo caracteriza, porque no es revolucionario el que se proclama a sí mismo como revolucionario, o quien comprende teóricamente un problema y solamente de una manera teórica, sino quien es capaz de llevarlo a cabo de una manera práctica, de una manera real”.
“Para el revolucionario el "no puedo" no existe, para el revolucionario no hay obstáculo imposible de vencer, para el revolucionario no hay tarea social imposible; y múltiples ejemplos nos enseñan este hecho, esta verdad, en múltiples aspectos”.
“Los revolucionarios debemos tener una conciencia muy clara de nuestros caminos, y una confianza muy sólida en la victoria”.
“El revolucionario debe saber domar su impaciencia y no permitir que la impaciencia lo domine a él. En muchos aspectos del trabajo creador de la Revolución, nunca sacrifiquemos la impaciencia, pero nunca sacrifiquemos la meta, y si es preciso, sacrifiquemos primero la impaciencia que la meta”.