El dos de diciembre, Cuba entera, igual que todos los seres humanos en nuestro planeta que no creen en las recetas “milagrosas” del neoliberalismo globalizado, esperábamos con ansiedad la aparición de Fidel Castro Ruz en el desfile militar en honor del 50 aniversario del desembarco del yate Granma que cambió la historia del país y abrió el camino hacia el futuro para América Latina. Los presentes en la Plaza de la Revolución creíamos que en cualquier momento aparecería el barbudo comandante que ha guiado a Cuba durante estos difíciles cincuenta años, contra viento y marea y para preservar su país del ensañamiento del gigante norteamericano, hacia la construcción de una sociedad nueva donde nadie se acuesta pensando como sobrevivir mañana.