Algunos políticos estadounidenses no quieren volver atrás en el tiempo y rememorar la historia. Pretenden olvidar simplemente y seguir adelante. Pero es vital recordar, para impedir que se repitan aquellos terribles sucesos que han conmovido la nación, y que nuestras más jóvenes generaciones apenas conocen. La historia del terrorismo contra Cuba no es parte de un pasado, sino continuidad que se extiende en múltiples formas hasta nuestros días. Los principales ejecutores de esta barbarie se pasean libremente por el país que aupó sus acciones y perdonó sus crímenes.

En el verano de 1961 la Operación Liborio o Cuba en Llamas, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), consistía en desatar una campaña mediática para desacreditar al proceso revolucionario, desencadenar una serie de sabotajes y acciones terroristas contra ob­jetivos económicos y sociales, y culminar con el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y miembros del Consejo de Minis­tros, durante una concentración popular frente a la terraza norte del Palacio Presidencial. Esta operación subversiva fue frustrada por la acción conjunta de las Mi­licias Nacionales Revolucionarias, los Co­mités de Defensa de la Revolución y los Órganos de la Seguridad del Estado.

Hace medio siglo el pueblo cubano y sus órganos de seguridad frustraron este siniestro plan, tal vez el mejor estructurado entre el más de un centenar de intentos de asesinato contra Fidel Castro y otros dirigentes de la Revolución,