Tres décadas ya han pasado de la muerte, un día como hoy de 1987, de un revolucionario, de un hombre que, siendo maestro, tuvo que aprender de su familia el noble oficio de zapatero, por no contar con las recomendaciones políticas que en los años 20 de la neocolonia, lo catapultaran a alguna de las escuelas.
Si hay en la Tierra sabiduría intuitiva y vigorosa es esa nacida de la palabra traviesa y el corazón de un niño. Cobijados por las lecciones de sus antepasados —especialmente por las de sus más entregados maestros y defensores, Martí y Fidel— un grupo de pequeños de La Colmenita, en el día del constructor cubano, recordó y homenajeó al Comandante en Jefe, quien fraguó sobre sólidos cimientos la mayor obra de todas: la Revolución.
Miguel Alfonso, residente angolano de primer año de cirugía cardiovascular, en el Hospital Ameijeiras.
“Llevo 7 años en Cuba y uno de mis deseos era conocer en persona a Fidel Castro. Desafortunadamente ya no tendré esa oportunidad pero ha dejado un legado marcado en mi vida personal y en la de mis compañeros que compartieron la experiencia de haberle oído hablar, de haber leído a quien es una figura histórica para el mundo.
No hubo dudas. Hay un pedazo de Cuba esparcido en el mundo que no solo merece, sino que tiene ya el respeto de todos. Así lo demostró la sesión plenaria que inició los debates en el segundo día de Cuba-Salud 2015, dedicada a la colaboración médica cubana y la cooperación Sur-Sur.
El panel, moderado por la viceministra de Salud Marcia Cobas, contó entre otros participantes con los ministros de Salud de Brasil, Angola, Venezuela y Cabo Verde, así como con la viceministra de atención integral de salud del Ecuador, Marisol Ruilova Maldonado.
Es la cola, gigantesca, de una criatura humana que se llama pueblo. Ella se extiende, se desenrosca, se anuda y engorda nuevamente, a lo largo de una, de dos, de varias avenidas capitalinas que conducen hasta el Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución. Esa es La Habana hoy, una Habana, una Cuba que no concilia el sueño, que no calla en los días en que ve partir al más grande de sus hombres, al que concibió, y definitivamente fundó la mayor revolución social de Latinoamérica.