Nadie sabe que, desde que todo esto comenzó, va caminando hasta el hospital para evitar el sofoco de los ómnibus repletos. Que para poder trabajar compró sus propios nasobucos en una fila humana que parecía azuzada por el Diablo; que ya no se queda el sábado con el nieto, por miedo a que esté incubando un mal invisible y lo pueda enfermar; que hace más de diez días no besa a su papá, porque a los 86 años no se aguanta algo así. Que la edad le pesa, pero el deber y el amor por la humanidad que eligió proteger, son el puntal de sus días y la razón de su incondicionalidad.
Requerido por un carro patrullero, el chofer detuvo el ómnibus frente al lugar donde hoy se levanta la heladería Coppelia. Varios agentes subieron a él y la emprendieron a golpes contra un joven pasajero; después, ensangrentado, lo llevaron consigo. Transcurrían los meses finales del año 1957.
Nunca supe quién era, pero por la magnitud de la golpiza pienso que lo mataron”, recuerda Mario Mencía Cobas, entonces empleado, para quien aquel abusivo acto fue el detonante que lo impulsó a sumarse a la labor de propaganda del Frente de Resistencia Cívica en La Habana.
Requerido por un carro patrullero, el chofer detuvo el ómnibus frente al lugar donde hoy se levanta la heladería Coppelia. Varios agentes subieron a él y la emprendieron a golpes contra un joven pasajero; después, ensangrentado, lo llevaron consigo. Transcurrían los meses finales del año 1957.
Nunca supe quién era, pero por la magnitud de la golpiza pienso que lo mataron”, recuerda Mario Mencía Cobas, entonces empleado, para quien aquel abusivo acto fue el detonante que lo impulsó a sumarse a la labor de propaganda del Frente de Resistencia Cívica en La Habana.