Tras 638 intentos fallidos de asesinato contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, los enemigos de la Revolución decidieron apostar a una carta «infalible» en su empeño enfermizo por cambiar los destinos de Cuba: el factor biológico, el tiempo.
Lo que no habían logrado bloqueos y sanciones, atentados y sabotajes, quedaría en manos de las leyes naturales de la vida, esas de las que ningún ser humano puede escapar.
El 5 de junio de 1958, al ver los fragmentos de los cohetes de la fuerza aérea estadounidense que la aviación de la tiranía había lanzado sobre la casa del campesino Mario Sariol, en el corazón de la Sierra Maestra, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz no tuvo dudas de que el camino de la Revolución sería mucho más duro de lo esperado, y que la lucha no terminaría con el fin de la guerra.
No pudo haber mejor homenaje a la gesta gloriosa del Moncada, en su aniversario 67, que la masiva movilización de todos los sectores de la sociedad hacia la que constituye hoy la primera prioridad para el país: la revitalización de la economía nacional.
Acontecimiento sagrado en sus vidas, a la gesta del Moncada dedicaron los santiagueros resultados significativos, como la siembra de 52 000 hectáreas de diversos cultivos y la terminación de más de 250 obras de beneficio a la población.
EL 31 de octubre pasado, cuando escuchó la voz de Daniela del otro lado del teléfono, Manuel Carmona se sintió el abuelo más feliz del mundo.
En su mano tenía por fin lo que tanto su nieta le había pedido: un mensaje de puño y letra del Comandante en Jefe Fidel Castro.
Varios meses atrás, había comentado en su casa que estaba trabajando en un proyecto relacionado con la producción de alimentos, que el líder de la Revolución seguía de cerca.
Era el 31 de mayo de 1977, y en medio de la inauguración de las primeras 70 viviendas de la nueva comunidad, comenzó a llover. Plácido Rodríguez, el presidente de la CPA, estaba leyendo su discurso, pero cada vez que caía una gota, le borraba una palabra.
Entonces Fidel fue hasta él, le quitó el papel y le dijo, «verás que te queda mejor hablando».
Jesús Erasmo Yumar, uno de los campesinos que nunca olvidará aquel día, cuenta que entre la multitud había una viejita en silla de ruedas, que aunque no podía caminar, quiso ir a ver al líder de la Revolución.
Noviembre 25 de 2016. Mientras en La Habana, la salud del líder histórico de la Revolución se deteriora, en el bloque materno del Hospital Abel Santamaría de Pinar del Río, un equipo médico se prepara para traer al mundo a Fidel Alejandro Acosta Rodríguez.
Sus padres todavía no han decidido que ese será su nombre, pero los trágicos acontecimientos que marcarán el día, los motivarán a hacerlo.