Estremecen las líneas escritas de la epopeya, del preludio, de la batalla, de la victoria; ya herido de muerte por la metralla que de forma salvaje cayó sobre los aeropuertos de Ciudad Libertad, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, el combatiente Eduardo García Delgado, poco antes de su último aliento, escribió, con su propia sangre, un nombre: FIDEL.

Hay una mítica imagen que inmortaliza la primera gran derrota del imperialismo en América, el líder de la Revolución Cubana saltando victorioso de un tanque T34, tras vencer a los invasores.

Este 13 de agosto de 2026, la tierra irredenta posada sobre el mar Caribe se viste de verde olivo y el tiempo se detiene para mirar atrás. Cien años pudieran parecer mucho, pero cuando se habla de Fidel Castro Ruz, un siglo parece apenas un suspiro en la inmensidad de su legado.

“El orgullo más grande que yo siento en mi vida, es haber sido uno de los prácticos más fieles de Fidel en la Sierra Maestra; cumplí todo lo que él me pidió en la lucha en las montañas”.
 
Así lo cuenta el Capitán Julio López Granado, uno de los guías del Comandante en Jefe, Fidel Castro y del Ejército Rebelde, durante la lucha revolucionaria que culminaría con el triunfo de enero de 1959.