El Despertar de América Latina
Quiero decir que me he sentido muy feliz en esta reunión. En una larga vida he asistido a muchos congresos y a muchos debates y siempre he pensado que había un déficit de lenguaje de sueños, de grandes ideas y que las circunstancias atraían demasiado, perjudicando la relación entre palabra y futuro, entre palabra y libertad, entre palabra y belleza.
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Intervención en el Coloquio Internacional Memoria y Futuro: Cuba y Fidel
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Quiero decir que me he sentido muy feliz en esta reunión. En una larga vida he asistido a muchos congresos y a muchos debates y siempre he pensado que había un déficit de lenguaje de sueños, de grandes ideas y que las circunstancias atraían demasiado, perjudicando la relación entre palabra y futuro, entre palabra y libertad, entre palabra y belleza.

Hoy día todas las intervenciones que he podido escuchar rayan alto, lo cual significa que algún cambio profundo está en las albas descontentas de la izquierda. La izquierda ha pagado el tributo del tiempo. No es lo mismo vivir en siglos pasados, que ahora, en que el mundo cambia con un sentido tan complejo y que impone tanta responsabilidad. Y quiero decir que no obstante aquella manida expresión respecto de la importancia de la personalidad en la historia, hay que reivindicar la personalidad de la historia. Pero la personalidad plena, con toda la humanidad, que  resulta tan indispensable para terminar con una humanidad hasta hoy floja y olvidada del hombre.

Y yo  pienso que esto es bueno para el mañana y para el hoy. Y que por fin, incluso las personas de más edad, pueden mirar el porvenir con confianza, porque el futuro ya  comenzó, y el futuro a ratos comienza también, a veces por semana. Y hoy mismo, podemos alegrarnos pensando por ejemplo que en Ecuador se ha dado un paso nuevo y prometedor y que en toda América Latina los pueblos están muy descontentos  y deseosos de otra vida.
Entonces, yo quiero decir algo  a propósito de la hazaña de Fidel. La historia no sólo lo absolvió, sino que lo tiene como gran figura de dos siglos. Ha dejado grabado, no en la arcilla, a veces efímera, sino en el marco perdurable del tiempo, la plena posibilidad del cambio radical, revolucionario, de la sociedad, que se había proclamado imposible, porque en cierto momento alguien dijo que la historia había terminado.

Tal vez la historia comienza  todos los días, y estamos viviendo un gran día de posibilidades nuevas. Ha encabezado, Fidel, por casi medio siglo, contra viento y marea, de un pasado recalcitrante, un proceso de renovación trascendental no sólo para su país, sino para América Latina, para la humanidad inconforme, descontenta, digamos, que también de humanidad suma, y de grandeza, están hechos este hombre y su obra, que trabaja por alcanzar un sueño milenario del hombre postergado, porque al fin y al cabo, yo creo que hace miles de años, se soñaba con una vida  mejor. La divisa de Fidel es humanizar la vida, suya es la causa de la justicia, y de la igualdad sobre todo para los pobres del mundo.  Del hombre olvidado, de la mujer discriminada, para mejorar la condición humana y superar, entre otras cosas, el subdesarrollo de nuestra América, ahora.

Convivir junto a los grandes grandes, no le toca en gracia  a todas las generaciones. Colaborar en la gesta, acompañar al gigante, no a un superhombre veleidoso, es un privilegio, diríamos, una honrosa suerte, una responsabilidad contemporánea. A los que les ha tocado vivir y compartir la lucha  en el llamado “tiempo de Fidel”, aunque la participación del ciudadano común y corriente sea restringida, es indispensable la concurrencia de multitud  de voluntades populares, que necesitan también sus líderes precisos, reales, que son aquellos que hacen abstracción de sí mismos para dejarlo todo a la suerte de todos. Pueden estas  voluntades populares de los pueblos ser modestas, pero forman parte silenciosa o explicita  de la epopeya, que casi nunca se proclama como gran gesta. Se eleva sobre el incesante ataque del enemigo, yo creo que no ha habido  en el siglo XX alguien de estar tierra que haya merecido el desconocimiento, la furia y la impotencia del enemigo como  Fidel. Ese dirigente previsor, y sencillo, ha practicado la ética como cimiento del edificio, el rostro del servidor público,  porque  eso es, un servidor del mundo, se inscribe sin alarde, en una de las mayores empresas creadoras de nuestro tiempo, y es una empresa a prueba de misiles, su labor no es fruto  de inspiraciones repentinas, que a veces también cuentan, si no una razón de existir, derivada de una actitud inclaudicable, de una filosofía de vida, de una posición revolucionaria ante el mundo.

Su conducta y proceder obedecen a principios entrañables, son de hoy,  y fueron, a su modo, los de ayer. Con la lección guía de su maestro, José Martí, están en proceso de permanente comprobación. Es realizada por millones de laicos y presentes, hay que superar las viejas fronteras, salvo el amor por el pueblo, por el cambio de las realidades, estos revolucionarios, encabezados por Fidel, hacen milagros de carne y hueso, surgidos de la siembra de cada día, del cultivo sistemático de la conciencia individual, y colectiva que trabaja por el advenimiento de un futuro justo, y lo hace a la luz del conocimiento, y no puede ser sectario.

Fidel, como ser humano es un producto espontáneo, bien dotado, pero también el resultado de la más resuelta voluntad formativa y descubridora. Es intérprete rápido de las situaciones planteadas. No acepta los dogmas casi siempre fósiles y los ha declarado en quiebra en este siglo XX, y ha liberado a la izquierda, a mi juicio, de auto esclavitudes innecesarias  y falsas.

Fidel, hacedor de una magna labor sacrificada, que no partió de cero, pero siglos de esfuerzo de soñadores y de renovadores prácticos del hombre de acción también. Fidel se afirma en la historia de Cuba, es un actualizador de todos los combates de su pueblo, un seguidor y un realizador de la utopía, de la  esperanza heredada que se convierte en maciza realidad, de la tarea pendiente que dejó Martí.

A ratos, el trazado de la historia sugiere no sólo la mano del luchador, sino también el pulso del artista, porque es autor de una obra completísima, en varios actos. Los sucesivos capítulos parecen a ratos  parte de una novela fantástica, y esa novela realista, con  todos sus sueños, fantasías y hechos tangibles.

Aprende de ella y lo enseña. Tras el duro contraste del Cuartel Moncada, con la represión, la cárcel en la isla de Pinos, y el intermedio de México donde se preparan para el desembarco guerrillero, cuando ponen de nuevo la planta en territorio cubano, al bajar del legendario Granma, deben pagar un alto precio.

Entonces Fidel, ante unos pocos sobrevivientes de los suyos, anuncia la victoria inevitable de la revolución, no se rendían, no se ha rendido jamás ante las supuestas  fatalidades de la historia, porque él estaba plenamente convencido que la acción del hombre podía cambiarla.

Luego vendrían los años de combate en la Sierra, y el enfrentamiento con un ejército armado hasta los dientes. La historia  impuesta por el codicioso vecino del norte y los criollos a sus órdenes, debía, ciertamente, ser modificada, terminar. El éxito no es el producto de una simple y compleja  operación militar, que también se resolvió genialmente, por gente que no vestía de uniforme. Es también el resultado de la inteligencia, una palabra que la izquierda del siglo XX usó muy poco, muy poco se habló de inteligencia, se hablaba de organización, de otras cosas, pero de inteligencia no.

Lo de Cuba en cambio, en el mundo que se está produciendo es el resultado de la inteligencia, de la cultura, del talento estratégico y táctico, del uso de la cabeza, del método de inspirarse en las raíces, de ir de los pies a la cabeza, o mejor dicho, de la cabeza  a los pies. Porque la victoria acompaña a los que trabajan con la conciencia, y hacen de la cultura un arma fundamental. No vio nunca a Cuba como una isla perdida en el océano, sino como tierra firme para realizar el sueño de la libertad que hace dos centurias iluminara el camino de los grandes pensadores del siglo XIX.

Ve a Bolívar llamando a madurar la simiente de la unidad, en vastos espacios de América latina. Fidel es la gran figura histórica de un largo período, es el gran presente en el horizonte, de un horizonte que  asta hace poco tiempo parecía remoto y solitario, aunque siempre estuvo acompañado por la adhesión de los pueblos del continente y el  respeto de los pueblos del mundo, desde luego el cubano, en primer término.

Abrió la ruta de la independencia plena, integrada por su hábito incansable de gran educador, porque Fidel educa todos los días, cosa que desespera al adversario. Le corresponde el papel de “adelantado”,  de los siglos, en la tarea de la emancipación del continente latinoamericano.

La voz de Fidel ha sido diariamente la del gran despertador, el transmisor de la cultura, del conocimiento, de un gobierno que sabe lo que debe hacer y mantiene inconmovible  la confianza en el pueblo y a sí mismo. Bolívar de nuevo está despertando. Otros países se van  sumando a la tarea conjunta, la mitad  territorial de Sudamérica, el gigantesco Brasil, le ha dicho sí al cambio, con un presidente obrero metalúrgico, Luis Ignacio “Lula” Da Silva. Bolivia, con Evo Morales, en la casa de gobierno y en todas las regiones de su país. Es el ejemplo demostrativo  de que los pueblos originarios ya no siguen golpeando una puerta cerrada con mil cerrojos, están reclamando sus derechos, y han elegido democráticamente al indígena mandatario, para proceder a la refundación de un país, y es su continente un continente para todos.

Venezuela despliega con Hugo Chávez, y la revolución Bolivariana, una ayuda generosa, fraternal, gratuita, concreta a masas necesitadas de nuestros países. Cuba hace mucho tiempo inauguró campañas tan nobles y efectivas como debe ser entre hermanos. Tan nobles y efectivas, tanto en los milagros de la medicina, de la enseñanza, de la asistencia social a la gente eternamente postergada, haciendo de estos lazos, en el fondo familiares, porque somos una gran familia, en gran parte incomunicada entre sí, una agenda para derrotar la enfermedad  y la pobreza.

La respuesta de aquellas minorías  acaudaladas, para quienes América Latina significa una propiedad privada que defiende a muerte, es feroz. Anuncia las penas del infierno para los pueblos que están levantando cabeza, reclamando su plena liberación del hambre  y la indigencia, el respeto a su calidad ciudadana, el derecho a avanzar  conforme a su propio devenir, a su idiosincrasia nacional, con respeto a su identidad, su estilo de vida, abriendo paso  a sus anhelos en el lenguaje cantadito de cada pueblo que habla la unificadora lengua castellana, y emplea también sus lenguajes originales.

Vuelvo a pensar que esta situación latinoamericana actual empezó con Cuba y prosigue hoy en la mayor parte de América Latina, llegó para quedarse y avanzar. No para retroceder, aunque los peligros son inmensos. Porque la reacción sabe de crueldad, de saña, estos pueblos ansían construir  el porvenir conjunto, que soñaron los libertadores condenados a muerte y al destierro por su imprescindible afán de reconocer en América  Latina a ese pequeño género  humano del que hablaba Bolívar. Ella  los necesita a todos, los de diversos tiempos, y  más aún ahora que estamos a un punto de cumplir, en muchos países, dos siglos de la emancipación del yugo colonial.

Para terminar quiero decir que el cacique Lautaro, Tupac Amaru, Simón Bolívar, José de San Martín, Antonio José de Sucre, Bernardo  O’Higgins, José Artigas, Augusto Sandino, José Martí, Fidel Castro, forman en la fila de los grandes grandes grandes grandes. No sembraron en el desierto ni araron en  el mar, y están de nuevo, como siempre, en marcha, a la orden del día, convocando a los pueblos de nuestra América a tomar en sus manos la tarea de completar la faena. Estimado, querido, respetado Fidel, en tus 80 cumpleaños, junto a la fundación Guayasamín, a millones de seres humanos, a través de la  tierra, te damos las gracias, por lo bien  que le has hecho a la humanidad, deseándote de todo corazón lo mejor para tí y para Cuba la Bella.