La personal relación de Silvio Rodríguez con Fidel.
En ediciones anteriores del periódico publicamos la primera parte de una interesante entrevista que el Coronel (R) Nelson Domínguez Morera (Noel), de las Fuerzas Armadas Rebeldes de Cuba, le realizara al trovador Silvio Rodríguez. Esta vez, damos a conocer un capítulo muy particular, que habla de la relación entre Silvio y el comandante Fidel Castro. Vamos a ella.
Por Coronel (R) Nelson Domínguez Morera (Noel)
Noel: Un tema peliagudo que Ud. Elude por real modestia, a pesar de que hay muchos ejemplos, es su personal relación con el Jefe de la Revolución Cubana, que evidenció el 26 de julio de 2010, hecho transmitido por la TV cubana y donde Ud. Le pudo tomar algunas fotos que después publicó en su blog bajo el título “Todo un privilegio”. En esa ocasión el Comandante le dijo: “Silvio he seguido tu gira por Nueva York” y a continuación jocosa y cariñosamente comentó: “Te diste el gusto”.
Otro ejemplo En la Plaza de la Revolución el día de la clausura del evento de “Sí por Cuba”, sin estar usted presente el Comandante le expresó a Sara González (cantautora emérita de la nueva trova), cuando todo el pueblo se retiraba y las luces se apagaban, que él se sentía cada día más revolucionario oyendo por las mañanas al levantarse las canciones, suyas, de Pablo y de ella.
Penúltimo ejemplo: un buen día de mayo de 1973, Fidel le alabó a Armando Hart Dávalos (entonces Ministro de Cultura) de síntesis sobre nuestra historia (…mortales ingredientes, armaron al Mayor, luz de terratenientes y de revolución…) mostrado por usted en la letra de “El Mayor”. Otro penúltimo, ¿cómo y dónde fue aquello de que el Comandante en gesto informal y espontáneo, le tocó la cabeza y preguntó: “Si yo pudiera conocer cuántas cosas están pasando en este mismo memento por esa cabecita”?
El último y para no sonrojarlo más, ¿cómo fue aquello de que le inauguró su estudio “Ojalá”, todavía hoy por hoy, no oficializado administrativamente, de lo cual existen fotos que Ud. conserva y no muestra a nadie? ¿Por qué no nos aporta otras anécdotas que de seguro existen?
Cuéntenos, relacionado con lo anterior, ¿Cómo devino Ud. en un celoso administrador de la construcción de los estudios “Abdala”, sin tener experiencia en esos trajines? que se materializaron gracias a una importante suma de su capital, por otra parte, logrado honradamente, sin avaricias mezquinas y con total desprendimiento.
Silvio: La primera vez que tuve oportunidad de saludar a Fidel fue en 1984, cuando Pablo Milanés y yo regresamos de la Argentina y nos hicieron un recibimiento en Casa de las Américas. Allí tuvimos la sorpresa de que Fidel se sumara. Hablamos en colectivo anécdotas del viaje.
Cierto tiempo después fui invitado a una recepción, con motivo de algún festival que se celebraba en La Habana, posiblemente el de cine. Me pidieron que llevara la guitarra y también metí un texto en mi bolsillo. Era “Oda a mi generación”, un tema que en los años 70 había sido estigmatizado con la fábula de que se lo había hecho al Comandante O sea, la primera canción que le canté fue una con la que habían tratado de separarnos. Yo le expliqué por qué se la cantaba y él la escuchó muy atento. Por suerte no hizo ningún comentario.
Cuando en 1990 hice el concierto en el Estadio Nacional de Chile, pedí permiso para administrar las finanzas de mis giras. Hasta aquel momento era el Ministerio de Cultura quien lo hacía y estuvieron de acuerdo. Yo quería construir un estudio de grabación con tecnología de punta, cosa que no existía en nuestro país. Mi idea era contribuir a la industria musical con una infraestructura que dejara registrado lo que se componía y a la vez ampliara las posibilidades de trabajo de los músicos, que cada vez eran más y mejores, gracias a las escuelas. Conocía a Carlos Lage de los tiempos en que había sido dirigente juvenil y hablé con él. Lage me escuchó con mucha atención y me dijo que esperara un poco, hasta que él pudiera trasladar mi propuesta.
Semanas después, España retiró unas ayudas que daba a Cuba para la cultura. Eran unos 2 millones de dólares. Yo no había ahorrado tanto, sólo algo más de un millón. Entonces mandé a decirle a Fidel que podía contar con lo que yo tenía, que en definitiva era para la cultura.
Poco después recibí la invitación a un almuerzo que habría con Rafael Alberti, quien estaba de visita en La Habana. Cuando llegué, Fidel me dijo que me quedara después de almorzar, que tenía algo que hablar conmigo. Así lo hice. Sus palabras fueron: “Silvio, explícame en qué consiste eso de los estudios que tú quieres hacer”. Aquella misma tarde se le dio luz verde a la idea.
Después vi a Fidel en diferentes etapas del proyecto. Él siempre estaba bien informado, porque tenía dos emisarios cercanos que se encargaron de velar por el remozamiento de la casa donde hicimos Ojalá y por la construcción de Abdala. Esos compañeros fueron Carlos Lage y Felipe Pérez Roque. Cuando terminamos Ojalá, una tarde recibimos la visita del Jefe de la Revolución, que lo preguntó todo, como suele hacer.
El día que cumplí 50 años, tuve que ir a ver a un diplomático latinoamericano que estaba de visita y me había traído un mensaje.
Mientras hablaba con él, sonó el teléfono y era Felipe, quien me felicitó y me dijo que no me moviera de donde estaba. Así fue que se apareció Fidel a regalarme un libro de fotos que le hicieron, en una de las cuales salgo yo. Aquello fue algo totalmente insólito y creo que el diplomático se quedó aún más sorprendido que yo, porque a mí al menos me habían avisado. Había que verle la cara a aquel hombre.
Ese día Fidel me preguntó cómo me sentía. Le respondí que un poco raro porque, a pesar de que estaba bien, era impresionante llegar a los 50 años. Entonces me dijo: “Si con 50 ya te sientes así... deja que cumplas 70, para que veas”. Recuerdo haber visto a Fidel un 31 de diciembre, en casa de García Márquez. Esa noche también estaba Gregory Peck, el gran actor norteamericano. Después lo he visto en cumpleaños de amigos comunes, como en el de Amaury. La última vez que coincidimos fue en casa de Kcho, el pintor, a quien Fidel le porfiaba que hacía mejor el arroz frito. Al final del combate culinario probé los dos arroces y la verdad es que eran distintos y que ambos sabían bien. Al día siguiente yo tenía que madrugar y me marché temprano. Tenía que pasar inevitablemente junto al Comandante, así que no me quedó más remedio que interrumpir y despedirme. Recuerdo que se puso de pie, se me quedó mirando y me dijo: “Como me gustaría saber lo que hay ahí dentro”. Y me apuntó a la frente:
“Silviooo, seguí tu gira por Nueva York... ¡Te diste gusto!”
(26 de julio de 2010).
Todo un privilegio
Quelle
Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo
Datum