El 17 de diciembre de 2014 en toda Cuba no se hablaba de otra cosa que de las dos noticias anunciadas por el presidente cubano Raúl Castro Ruz en comparecencia televisiva.  
No quiso escribir nada por estos días. Tampoco ofrecer declaraciones a la prensa que la acosaba buscando algún comentario. Prefirió refugiarse en el  silencio, la soledad y los recuerdos. Se había marchado alguien que siempre mereció todo su cariño y respeto. Solo ante la insistencia de su equipo de prensa, optó por grabar unas palabras de homenaje a su entrañable amigo Fidel. Al final del mensaje, sin poder contener las lágrimas y visiblemente afligida, le pidió: “donde quiera que estés, no nos abandones”.  
Testimonio que la heroína Vilma Espín ofreció a nuestra revista sobre los acontecimientos de aquel 30 de noviembre en Santiago de Cuba
Aún en medio de la tristeza que embarga al pueblo cubano por la partida física de Fidel Castro, vale la pena hacer una reflexión, claro, con permiso del líder histórico que construyó en la mayor de las Antillas la más grande Revolución de la Patria Grande.  
Mi relación con Fidel Castro y mi interés por su Revolución ha sido larga y significativa. En la década de los años 60, como diplomática colombiana ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pude apreciar la dimensión de su figura en el ámbito internacional y el poder de sus palabras.   Sus contundentes discursos, acusaciones y denuncias contra Estados Unidos y sus críticas del mundo, hacen historia. Luego, desde 1977, durante cinco años al frente de la embajada de Colombia, y de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana, conozco por dentro la Revolución.
Los miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) concluyen el año de su 30 Aniversario con la X Feria de Jóvenes Creadores Golpe a Golpe (GG), que se desarrolla en esta ciudad hasta el venidero 25 de diciembre.   Dedicada especialmente a resaltar el legado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el acontecimiento cultural rememora además el aniversario 58 del Triunfo de la Revolución y la década del proyecto sociocultural GG, de gran impacto en las comunidades distantes del extenso territorio.  
Yo entonces habría sido como él, y él hoy habría sido como yo, pudiera deducir aquel adolescente absorto en la lectura de las historietas Fidel el rebelde y Tiempo de cocuyos (Pasajes de la Infancia de Fidel), parafraseando en términos de travesuras y rebeldías tempranas, las palabras de Fidel en 1965 ante los universitarios de entonces, al equiparar la virtud patria de aquellos a la de Martí, Céspedes y tantos fundadores de las gestas independentistas cubanas.  
De vasta experiencia como médico veterinario, labor en la que se ha desenvuelto durante más de 30 años con relevantes resultados, ahora al frente de la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Empresa de Ganado Menor de Cienfuegos, EGAME, Julio L. Jova Ramírez vivió una de las experiencias más inesperadas y edificantes de su vida junto al Comandante en Jefe Fidel Castro.  
El 18 de diciembre de 1986, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, y su hermano Raúl, retornaron a Cinco Palmas, intramontano paraje del actual municipio granmense de Media Luna, donde 30  años atrás habían vuelto a verse, al cabo de 13 días de andar dispersos por el lomerío, tras el combate librado por los expedicionarios del yate Granma en Alegría de Pío, Niquero.  
Me animo a compartir con los lectores una vivencia reciente. Asistí como invitado a una reunión convocada para debatir sobre las políticas que nuestro país encamina en las áreas de ciencia y tecnología. La atención se fijó sobre todo en la cuestión de la formación, empleo y retención del potencial humano. Ya sabemos que este es un tema clave para Cuba y así se refleja en los Lineamientos y en el Plan de Desarrollo económico y social para 2030.
Su gloriosa historia comenzó el 21 de diciembre de 1920, cuando vino a unirse a sus hermanos Blanca, Eli­zardo y Antonio, para completar la familia creada por el Dr. Antonio Mar­tínez de la Maza Arredondo, te­nien­te veterinario del Ejército cubano y Ernestina del Hoyo y Lugo, modista de un refinado quehacer.
Hubo una vez una casa que se convirtió en escuela, unos desconocidos que mutaron en familia, cinco cubanos que aprendieron a leer y escribir. Corría el año 1961. En el poblado de Levisa, en Nicaro, una familia recibe la buena noticia, que se llamó Teresa Puig Banda, alfabetizadora Conrado Benítez de 14 años de edad.