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Hace 54 años, el dos de diciembre de 1956, después de una semana de tormentosa travesía, el yate Granma arribó a Cuba procedente de Tuxpan, México, con su preciosa carga humana de 82 hombres a bordo comandados por Fidel Castro Ruz, dispuestos a iniciar la lucha armada para derrocar el régimen sanguinario de Fulgencio Batista.
De México a Cuba fue para muchos de los expedicionarios el retorno a la lucha y para los más jóvenes el bautismo de fuego. Aunque todos tenían un único propósito: llegar y enfrentar al enemigo, ascender a lo alto y después descender, combatiendo siempre hasta vencer. De los 82 quedaron doce que se fueron haciendo fuertes en la Sierra Maestra hasta la victoria definitiva con el concurso del pueblo cubano, que desde el inicio de la lucha armada se vistió también de verde olivo.
Envían saludos a Fidel y Raúl autoridades de MaldivasMohamed Naced, presidente de Maldivas, envió saludos para su homólogo cubano, el General de Ejercito Raúl Castro; para el líder de la Revolución Fidel Castro, y para al pueblo de Cuba.
En el seno de estas rocas señalizadas hoy como Monumento Nacional, el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde Fidel Castro Ruz, instaló uno de sus últimos campamentos durante la guerra de guerrillas contra el tirano Fulgencio Batista en 1958. Este 8 de diciembre se conmemoran 51 años de la memorable ocasión en que el líder cubano llegara a estas tierras para definir el final de la guerra necesaria.
La pista para hacer el gran reportaje la había dado el mismo Fidel durante el discurso por la inauguración del tramo del ferrocarril rápido Habana-Santa Clara, el 30 de diciembre de 1977. Pero los reporteros que estuvimos allí, tan pronto concluyó sus palabras, salimos velozmente a hilvanar la información, y se nos esfumó en la memoria aquella evocación reveladora del encuentro del líder de la Revolución con Santa Clara.
No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas» --le respondió Fidel a su amigo santaclareño Benito Besada, abogado como él y compañero de estudios de la universidad, apenas un minuto después de haber acabado el vibrante alegato de autodefensa, en el que acusó de corrupto al gobierno de Carlos Prío y denunció las lacras que entonces padecía la República Neocolonial.
El Comandante en Jefe Fidel Castro envió como regalo al líder antiapartheid sudafricano una fotografía que recuerda la estancia de ambos en la ciudad de Matanzas en 1991, en cuya dedicatoria le plasma: A Nelson Mandela: Otro titán de bronce.
Desde el mismo día en que nació el 27 de abril de 1921, Pastorita Núñez González ganó el calificativo de "rebelde" porque, según cuentan, no paraba de llorar, en manos de la partera. Y no lo perdió ni lo perderá nunca, ni siquiera ahora, cuando una hemorragia cerebral ha apagado su vida, porque los sueños que construyó siguen imbatibles.
Desde una comunidad indígena llamada Nabasanuka, en Delta Amacuro, Venezuela, me escribe a menudo Marcus Dutra, joven médico brasileño formado en la ELAM. Está feliz de servir en uno de esos pueblos de cuya existencia no sabíamos -en realidad no sabríamos- nada, de no ser por las circunstancias que lo llevaron a él, y antes a otros como él, hasta el delta del majestuoso Orinoco: la Revolución Bolivariana y el horizonte infinito de los sueños cumplidos de Fidel.
En julio de 1961, en la administración Kennedy se estructuró un Grupo de Contrainteligencia adscrito al Consejo de Seguridad Nacional (CSN), para enfrentar, mediante operaciones subversivas, al movimiento revolucionario en los países del llamado Tercer Mundo. Este aparato de subversión y terrorismo estuvo integrado por Mc George Bundy, asesor de Seguridad Nacional; Robert Kennedy, Fiscal General; Allen Dulles, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA); el general Lyman Lemnitzer, jefe del Estado Mayor Conjunto; Roswell Gilpatrick, subsecretario de Defensa; Edward Murrow, director...
La Habana vivió una semana de espera apasionada. Desde el 2 de enero careció de día y hora fijos la entrada de Fidel a la capital. Parecía que su arribo ocurriría en cualquier momento y las agencias de prensa contribuían no poco a la confusión, pues las noticias que transmitían lo daban indistintamente a bordo de un avión que haría inminente su llegada o, al frente de la Caravana de la Libertad, lo situaban a las puertas mismas de la ciudad. El héroe de la Sierra Maestra, que había sido capaz de derrotar a las fuerzas armadas de la tiranía, quedaba ahora, en su avance desde Santiago de Cuba...
"Absolutamente apoteósico”, recuerda Humberto Gómez, en ese entonces militante de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y en la actualidad miembro de la Asociación de Combatientes de la década del 60.