Con la victoria del 1. o de enero de 1959 sobre la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar y la presencia del Ejército Rebelde en el Gobierno Revolucionario, comenzó en Cuba una etapa de profundas transformaciones en todos los ámbitos de la sociedad; pero, esto solo constituyó un punto de partida, ya que una verdadera revolución debe tener la capacidad de trastocar las bases de la cultura espiritual y material del régimen derrocado y la nuestra no fue una excepción, aunque debió sortear numerosos obstáculos que, para muchos, parecieron imposibles de superar.

La vida, la obra, y el pensamiento revolucionario y humanista de Fidel Castro se desvela como un océano interminable de conocimientos para cualquier historiador, no solo por la importancia cimera de su personalidad para la historia, sino, también, por su fructífera y longeva vida.
 

Cuando el 16 de octubre de 1953 Fidel Castro pronunciaba su alegato de autodefensa por los sucesos del 26 de Julio contraía un compromiso indisoluble con el pueblo cubano al dejar por sentado que la segunda ley revolucionaria estaría encaminada a dar solución al problema de la tierra. En el propio documento argumentó sin tapujos