En el segundo semestre de 1951, la vida de Fidel Castro resultó intensa, se había presentado como candidato a la Cámara por el barrio de Cayo Hueso, en La Habana, por lo que con frecuencia repartía panfletos, discursaba en mítines, tocaba la puerta de sus electores y hablaba en la radio. Tenía una estrategia clara.
El compromiso de Fidel con las causas justas y su activismo político perturbaron la tranquilidad del hogar. Evidentemente, vivir de su carrera como abogado no era una prioridad, solo la usaba para defender a los más humildes ─a los cuales nunca les cobraba─ y denunciar los males de la República. Su título de abogado le confirió un arma poderosa, la de obrar con justicia en nombre de la ley; de no cumplirse solo había una conclusión: el sistema no funciona.
Desde 1953 el nombre de Fidel Castro Ruz se hizo cada vez más frecuente para los cubanos. Fue el líder rebelde, político y militar que en 1959 logró el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista Zaldívar y tuvo la valentía de desarrollar y consolidar la primera revolución socialista en el hemisferio occidental. Pero, ¿cuánto sabemos de su labor como abogado?