Leerlo puede hasta un niño si ya sabe; memorizarlo, cualquiera con algo de retentiva, pero el concepto de Revolución que nos legó Fidel vale y reclama infinitamente más que una simple lectura y una repetición mecánica, sobre todo de quienes, no por exaltación o para no desentonar, sino con plena conciencia, juramos cumplirlo.