El premio Nobel de Economía Paul Krugman escribió en el New York Times que “ningún hombre es autosuficiente, aunque Trump lo sea más que la mayoría. Así que, para poder comprender la magnitud de sus metidas de pata en las decisiones sobre políticas, es necesario reconocer la extraordinaria calidad de las personas que lo rodean. Claro que cuando digo “extraordinaria”, en realidad quiero decir una calidad extraordinariamente baja. Lincoln tenía un equipo de rivales; Trump tiene un equipo de imbéciles”.
 

El papel de Fidel en la historia de Cuba será como el de Martí, Apóstol de la Independencia, por el caudal de ideas, valores y principios que deja como legado para la presente y las futuras generaciones de patriotas cubanos. Poquísimos líderes políticos en el mundo pueden exhibir en los últimos cien años esa conducta de él tan vertical, que jamás actuó como veleta siguiendo el rumbo de los vientos, en defensa de la dignidad, soberanía, los derechos de los ciudadanos, la solidaridad y el humanismo que lo caracterizó, al precio que fuese necesario.
 

¿Por qué fue Fidel a Canadá?  En Boyeros, sobre las dos de la tarde, está cayendo un copioso aguacero, cuando el auto que conduce al compañero Fidel se estaciona ante el IL62-M que lo llevará a la ciudad de Montreal "para rendir homenaje a la memoria imperecedera de Pierre Trudeau, estadista de altura mundial a quien, además, me unieron lazos de amistad personal forjados en un sentimiento de sincera admiración hacia su persona", como dice la Declaración que redacta en el propio avión. 

Fidel siempre estará presente en el acontecer cotidiano de los cubanos porque su pensamiento, su visión, están muy vivos en la obra que echó a andar para emancipar de manera definitiva a la nación y legarnos una estrategia de futuro.
 
Una anécdota puede ser la expresión concentrada de la realidad y sobre Fidel hay miles, las atesoran muchas personas y habrá que contarlas para que las nuevas generaciones se aproximen mucho más a su genio, a su luz larga, a su conducción que con tanta sabiduría se impregnó en todos los sectores de la vida nacional.
 

Varios analistas norteamericanos y cubanos coinciden en señalar que Eisenhower había indicado al director de la CIA, Allen Dulles, que las medidas más comprometedoras que se adoptasen sobre Cuba no quería que se ventilasen en el Consejo de Seguridad Nacional. No debían quedar rastros de la utilización de procedimientos que luego pudieran comprometerlo.
 

Este testimonio del teniente Pedro Sarría recoge su vida desde el momento del ataque al Cuartel Moncada, la detención de Fidel hasta el 1 de enero de 1959 en que vuelven a encontrarse en Santiago de Cuba. Sarría, ciego, le narra al periodista, sin adornos ni sobrevaloración, los detalles más significativos de esta etapa de su existencia, puesta a prueba por el hecho histórico que inició la gesta insurreccional.