Era lunes. Año 1986. El reloj marcaba las cinco de la tarde en San Antonio de los Baños, antigua provincia de La Habana. Gabriel García Márquez (Gabo), Fernando Birri y Julio García Espinosa, junto al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, se disponían a «concretar un sueño anhelado desde tres décadas atrás por los cineastas del continente», según rezaba la nota oficial publicada en las páginas de este mismo diario.