La tarde noche del sábado 14 de mayo de 1955, en el Presidio Modelo, parecía transcurrir como de costumbre. Sin embargo, un discreto mensaje había hecho llegar información sobre la aprobación de la Ley de Amnistía al día siguiente. La indicación de Fidel fue clara; no hacer nada que pudiera poner en peligro el resultado de tan ansiado día.