En los últimos meses de 1960, fueron armadas las unidades de las Milicias Nacionales Revolucionarias que se venían formando y preparando desde principios de año. En Santiago de Cuba, el domingo 13 de noviembre de 1960, numerosos batallones recibieron sus armas y desfilaron, con mucho entusiasmo y fervor revolucionario, desde el Alto de Quintero hasta el aeropuerto Antonio Maceo.
Fidel, Raúl, Vilma, Celia y otros dirigentes estuvieron presentes en el desfile y, en áreas aledañas al aeropuerto, el jefe de la Revolución les dirigió la palabra.
A finales de mayo de 1958, comenzó en la Sierra Maestra la gran ofensiva militar del ejército de la tiranía contra las tropas guerrilleras. El plan, conocido por las siglas FF —que significaban Fin de Fidel—, era el último intento de la dictadura batistiana para aniquilar al Ejército Rebelde. Con el apoyo de la marina, la aviación, los tanques y la artillería, 10 000 soldados bien armados intentaban avanzar por los caminos de la Sierra. Las montañas se estremecían con el sonido de las armas que el eco multiplicaba.
En abril de 1959, Fidel Castro hizo su primer viaje a los Estados Unidos de América y ocurrieron importantes hechos relacionados con el Ejército Rebelde y cambios en la concepción de la defensa de Cuba. La connotación de esos acontecimientos es de tal naturaleza que decidimos presentarlos en la categoría ARTÍCULO de modo independiente, aunque no cabe duda de que ellas son las más valiosas perlas de abril en Revolución.
No tuve ninguna segunda intención al aceptar la invitación
En 1960, el gobierno de Dwight D. Eisenhower perpetró una agresión económica contra la nación cubana al rebajarle la cuota azucarera en el mercado de Estados Unidos. En Cuba, la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros y el Gobierno Revolucionario encabezaron las protestas del pueblo ante esa acción que reducía los ingresos del pueblo cubano.
Muchas personas en el mundo, incluso en Cuba, se sorprendieron cuando el General Presidente, Raúl Castro Ruz –el 3 de diciembre del 2016–, dio a conocer la voluntad de nuestro Comandante en Jefe de que «una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo».