Hay grandes acontecimientos –grandes por su significado, grandes por su energía generadora– que solo se nos muestran en su cabal dimensión histórica cuando podemos considerarlos, retrospectivamente en función de los hechos que de ellos derivaron.

"[El] acusado, [...] por ninguna razón del mundo callará lo que debe decir."

Pronuncia estas palabras, un hombre el día 16 de octubre de 1953. Ese hombre, es el doctor  Fidel Castro, quien dijo momentos antes: "Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones;  nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades.  Uno y otro, son en este caso la misma persona.