Anochecia aquel jueves 24 de diciembre de 1959 cuando dos familias vecinas de la finca Santa Teresa, los Méndez Armengual y los García Montano, se preparaban para celebrar la Nochebuena. Las esposas de Carlos y Rogelio, Francisca y Pilar, respectivamente, y la numerosa prole iban y venían en un alegre ajetreo. De pronto todo se interrumpió, un ruido y luces venidas del cielo atrajeron la atención. Se acercaba un helicóptero, estupefactos lo vieron descender en el patio de sus viviendas.